TIC: lo bueno, lo malo y lo feo

El sector de tecnología y telecomunicaciones alcanzó una participación notable en la economía colombiana.

El sector TIC alcanzó una dimensión importante en la economía colombiana. Representa el 7,5 por ciento del PIB, crece a un ritmo del 8 por ciento anual, invierte cada año 2.600 millones de dólares y genera más de 190.000 empleos. Para no hablar del impacto cultural. Los colombianos se enviciaron a las redes sociales y hay más teléfonos móviles que habitantes en el país. Pero hay tanto de ancho como de largo en el examen de la situación tecnológica de Colombia.

Entre los aspectos positivos hay que mencionar el resultado de la política pública, única que guarda cierta línea de continuidad desde el año 2000 y ha sobrevivido a tres presidentes. Bajo el actual gobierno esta política fue bautizada como Vive Digital y ha traído significativos beneficios para los colombianos. El principal avance es, de lejos, la conectividad. El país está conectado a diez cables submarinos; las redes de fibra óptica cubren el 96 por ciento de los municipios; tenemos 12 millones de conexiones a Internet y la penetración de la telefonía móvil alcanzó el 118 por ciento de la población. Es decir, tenemos autopistas de la información. El segundo avance importante es el de la digitalización del gobierno. Colombia ocupa el primer lugar en Latinoamérica en política de Datos Abiertos, que permite a los ciudadanos disponer de la información pública libremente, y más de 400 trámites se pueden realizar en línea. Está en marcha el proyecto de “carpeta ciudadana”, que podría cambiar radicalmente la relación de la gente con el mundo digital. Hay que destacar la reciente creación de los centros de excelencia que investigarán en los temas Big Data e Internet de las cosas, el programa Apps.co, con inversiones por 15.000 millones de pesos este año para el fomento de emprendimientos tecnológicos, y el histórico “Computadores para educar”, que contribuyó a reducir la cifra de 25 a 6 niños por computador. No se puede omitir en la lista el esfuerzo por desarrollar soluciones de tecnología para la salud pública y para el agro. De hecho, Mintic trabaja en ello promoviendo emprendimientos tecnológicos para el sector rural que tienen al país a la cabeza de la idea de “apps contra la pobreza”. El ministerio de TIC abrió una convocatoria para iniciativas de este tipo con fondos por 4.300 millones de pesos.

La digitalización de la economía también progresa, a una tasa superior a la media de la región. En años recientes las fuertes inversiones de las grandes empresas en la digitalización de sus procesos de negocio marcan una tendencia. Estas inversiones están destinadas en su mayoría a la compra de soluciones de software, hardware y servicios tecnológicos foráneos (SAP, Amazon Web Services, Microsoft, entre otros). En esa materia el país está en el mismo nivel de España, y es el segundo país de Latinoamérica, con 48,6 puntos en el índice de Digitalización Industrial, superado solo por Chile. Los estudios de Telecom Advisory Services indican que los sectores de nuestra economía que más rápidamente avanzan hacia la digitalización productiva son el financiero, los bienes de consumo masivo y la salud.

Pero también puede verse el vaso medio vacío. Los países de la OCDE digitalizan su economía a un ritmo mayor que Colombia, y el país ocupa puestos preocupantes en los rankings internacionales, como la posición 67 entre 140 países en el Índice Global de Innovación. Y si bien es cierto que el sector privado invierte grandes sumas en la transformación digital, lo hace a costa de cerrar el espacio para el desarrollo de una industria nacional de software y soluciones tecnológicas. La provisión de tecnología para los negocios está en manos de las multinacionales SAP, Amazon y Microsoft, lo mismo que las telecomunicaciones están en manos de compañías extranjeras (Claro, Telefónica, Millicom). Naturalmente hay empresas locales que todavía compiten, pero su número y alcance se reduce inexorablemente, en tanto que los emprendimientos surgidos de las incubadoras de negocios digitales no logran impactar significativamente la economía. Muchas apps y muy buenas ideas, pero hasta ahora ninguna da en el blanco al estilo de los emprendimientos de Silicon Valley.

Las “Telcos” regionales han ido perdiendo importancia y resignando sus banderas. Ocurrió en Antioquia hace un año, cuando EPM privatizó su negocio de telecomunicaciones en la alianza con Millicom, y está por ocurrir en Bogotá, con la decisión del alcalde Enrique Peñalosa de vender la ETB. Todo esto quiere decir que somos fundamentalmente un país consumidor de tecnologías y estamos lejos de producir y de innovar en esas materias.

Hay también expresiones de sociedad civil organizada alrededor de las TIC y en especial de la defensa de las libertades digitales, que encabeza la Fundación Karisma y que jugó un papel destacado cuando se detuvo la desatinada “Ley Lleras” que pretendía coartar los derechos ciudadanos y regresar al país 50 años en materia de propiedad intelectual y derechos de autor en la era digital. Pero se trata de una capa de población ilustrada todavía pequeña y no tan influyente como lo son movimientos similares en otros países. El más reciente Conpes sobre seguridad trazó políticas que seguro alborotarán de nuevo el avispero.

La educación, en cambio, no parece marchar al ritmo que la sociedad de la información lo demanda. Hay un déficit de 53.ooo profesionales TIC que la industria necesita, mientras las facultades continúan vertiendo masas de abogados, contadores y administradores de empresas en cantidades que la economía no puede absorber.

¿Qué hace falta entonces? Hay que tratar de que los avances que el país ha logrado en materia de TIC se extiendas a todos los territorios. Por el momento los indicadores más interesantes aplican para las ciudades principales y especialmente para Bogotá. Pero en las regiones las cosas son diferentes. Y hay que invertir mucho más, ya no tanto en infraestructuras de telecomunicaciones, porque es aparte está más o menos cubierta, sino en la producción de contenidos, en el sector creativo y, ojalá, en el desarrollo de una industria nacional de soluciones tecnológicas.

Publicado originalmente en SEMANA, Edición Especial Ciencia y tecnología, 2016

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