Se necesitan con urgencia más profesionales TIC

El problema no es si se contratan por horas; el problema es que se necesitan 62.000 ya mismo, y no los hay.

Por Álvaro Montes

A quienes estudian carreras TI (tecnologías de la información) no les va nada mal. Un egresado de ingeniería de sistemas, por ejemplo, ganará cerca de 2,5 millones de pesos en su primer empleo. Hay ingenieros senior, muy especializados, que ganan entre 15 y 20 millones, y también hay quienes cobran 90 dólares por hora de asesoría. Porque el cobro por hora existe de tiempo atrás en este sector y no es ninguna novedad.

Fredy Vega, el CEO de Platzi, dice que si uno quiere estar financieramente bien en la vida, debería estudiar tecnología. De hecho, el país necesita en este momento al menos 60.000 profesionales de tecnologías de la información, para suplir la demanda de la economía nacional. Las cifras más recientes del observatorio de TI señalan que las 8.500 empresas de tecnología existentes en Colombia emplean a 156.000 personas, la mayoría de ellas por debajo de los 28 años, y el índice de productividad en ese sector es de los más altos: cada empleado produce anualmente una media de 167 millones de pesos para su empresa. Estas 8.500 compañías, dedicadas al desarrollo de software, a la consultoría, los servicios y al desarrollo de contenidos digitales, generan ingresos por 16,5 billones de pesos y están aportando el 1,7 por ciento del PIB. Ya estuvo bueno de contadores, abogados, comunicadores sociales y participantes de realities de televisión. Claramente, Colombia necesita más y más ingenieros, científicos de datos, desarrolladores de software, programadores y expertos en ciberseguridad.

El otro cuello de botella es la prácticamente inexistente formación escolar en lo que se conoce como STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que es en donde los países muy maduros tecnológicamente nos llevan sobrada ventaja.

No es un oficio bajo amenaza, pero las declaraciones de la ministra Alicia Arango la semana pasada, preocuparon a los gremios de ingenieros, que se pronunciaron y hasta fueron a reunirse inmediatamente con los viceministros de trabajo para aclarar las cosas.  En el imaginario de mucha gente el ingeniero en una empresa es el que repara los computadores, una visión trasnochada, porque las facultades de ingeniería están preparando profesionales que se hacen cargo de las estrategias tecnológicas de las empresas, de la arquitectura de soluciones de productividad, de la información en la nube, la ciencia de datos y el desarrollo de proyectos. “Hoy ninguna empresa toma decisiones sin contar con tecnologías de la información”, dice Edgar Ruiz, director de ingeniería de sistemas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y presidente del gremio ACIS.

La economía colombiana pide a gritos más profesionales del sector TI. Juanita Rodríguez, vicerrectora de innovación de la Universidad EAN está convencida que tenemos que creer seriamente en que es posible pasar de consumir tecnología a producirla. Su idea no es que aquí deba crearse la red que sustituirá a TikTok, sino aprovechar el potencial de recursos naturales del país para desarrollar soluciones a necesidades de la industria basadas en biotecnología, aprovechando el talento humano de los profesionales de TI nacionales que están innovando en Inteligencia Artificial, desarrollo de software y otros campos prometedores.

Pero se requiere solucionar un par de cuellos de botella: Uno es formar más profesionales de tecnología. Colombia necesita 60.000 ya mismo, y Latinoamérica requerirá tres millones en los próximos dos años, según cálculos del Banco Mundial. Pero sumando todas las universidades y plataformas de formación en línea en el continente, se gradúan cada año apenas 100.000 profesionales tecnológicos. En palabras de Ximena Duque, presidenta de Fedesoft, “es el cuello de botella más grave para el crecimiento del sector TI”. Por eso hay una mesa de trabajo de los ministerios de Tic y trabajo, con Fedesoft y otros gremios, para acelerar la formación de profesionales. Es realmente urgente.

El otro cuello de botella es la prácticamente inexistente formación escolar en lo que se conoce como STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que es en donde los países muy maduros tecnológicamente nos llevan sobrada ventaja. Hay torneos de robótica escolar, y hay colegios que enseñan algo de código y lenguajes de programación. La Universidad EAN tiene convenios con instituciones educativas para enseñar matemática y física a partir de videojuegos. Pero son iniciativas particulares, y no existe lo que debería ser una política pública educativa orientada a la formación de competencias tecnológicas y matemáticas en nuestros niños y niñas. Y hay que poner mayor esfuerzo en la incorporación de las mujeres en el sector. La predominancia de hombres en TI es un problema mundial, pero se ha avanzado algo, explica Juanita Rodríguez, que ha promovido por años este tema y observa que actualmente las mujeres milennials están mejor preparadas que los hombres de su misma edad en el campo específico de la ciberseguridad.

Si tanto se necesitan ingenieros y demás profesionales TI, ¿por qué contratarlos por horas? En realidad, modelos flexibles de contratación son usuales en este sector. Las reformas que prepara mintrabajo están dirigidas al problema de los trabajadores que ganan el mínimo, es decir, a los de las plataformas tipo Rappi, Uber eats y demás. Y debería incluirse a los jornaleros del campo, recolectores de café y otro tipo de trabajadores rurales que demandan soluciones de seguridad social desde hace décadas sin que nunca se les escuchara.

“Se pueden presentar modelos de contratación por horas pero que sean justos, que se le reconozca a este profesional todos los derechos, aportes de salud y pensión” dice el ingeniero industrial Eduardo Rivera, quien señala además que el perfil de ingeniero no es el único que se requiere, sino también tecnólogos y técnicos como los que se forman en Platzi, Coursera y otras plataformas en línea muy populares. De hecho, Platzi es un verdadero hit entre los jóvenes, que no están dispuestos a esperar seis años para buscar trabajo. El 72 por ciento de los que estudian con Platzi más de 12 meses consiguen empleo casi inmediatamente, y elevan sus ingresos hasta diez veces. El 17 por ciento de los egresados de Platzi han formado sus propias empresas y en 16 casos, esas startups han conseguidos más de un millón de dólares en los fondos de capital de riesgo. Las mismas universidades consideran que Platzi juega un importante rol en la actualización profesional y en el entrenamiento en segmentos prácticos que le industria requiere, como en lenguajes de programación o en desarrollo Web avanzado.

Juanita Rodríguez, de EAN, sostiene que se requieren las dos cosas, la formación universitaria para la investigación y desarrollo, y la formación técnica corta y efectiva que ofrecen plataformas en línea y centros de capacitación. “La transformación digital no va a matar el modelo de las universidades, pero sí exige cambios”, reconoce. Es un hecho aceptado que hay que llevar a los alumnos a que tengan capacidades que les permitan ingresar al mundo laboral más rápidamente.

Todos los expertos consultados coinciden en que – en el caso del sector tecnológico – no parece haber contradicción entre la flexibilidad laboral que anunció la ministra Arango y la alta disponibilidad de empleo bien pagado. Un experto en lenguajes C++ o Phyton, no tendrá dificultad alguna para conseguir trabajo. De hecho, la escasez de mano de obra especializada es la que ha elevado los salarios en el sector. Edgar Ruiz, director de ingeniería de la Universidad Tadeo Lozano dice que no tiene un solo egresado desocupado, y muchos de ellos trabajan en compañías grandes, como IBM, Avianca, o en entidades de gobierno, como Icetex.

Por último, una idea potente que gana aceptación es que los profesionales de otros campos sean capaces de “reconvertirse”. Un contador, con buena formación matemática y pocas posibilidades de empleo, podría saltar a la programación después de algunos cursos en lenguajes computacionales, altamente requeridos por la industria.

 

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