¿Qué piensa hacer Microsoft en el mundo móvil?

La muerte el año pasado de Windows 10 Mobile no significa que Microsoft renuncie al negocio telefónico. Todo lo contrario.

El año pasado un alto ejecutivo de Microsoft, Joe Belfiore, confirmó en su cuenta de Twitter lo que ya se veía venir. No habrá nuevas versiones de Windows 10 Mobile ni nuevos teléfonos Lumia; al menos no por ahora. La más reciente medición de Gartner indica que el sistema operativo Windows 10 Mobile apenas marca un 0,3 por ciento en la torta global de sistemas operativos, en donde reina Android, con 82 por ciento y iOS (el de Apple) con 17 por ciento. “Por supuesto continuaremos soportando la plataforma, corrección de errores, actualizaciones de seguridad, etc. Pero construir nuevas características y nuevo hardware no está en nuestro foco”, escribió.

Pero no significa, como interpretaron muchos medios, que Microsoft abandone la lucha por el más suculento mercado de nuestros días, con más de 6.000 millones de usuarios de la telefonía móvil en el mundo. No sería lógico que un gigante tecnológico no quiera estar allí. Se sabe que en los cuarteles en Redmond hay un equipo trabajando a puerta cerrada en el desarrollo de lo que sería un nuevo sistema operativo y el diseño de nuevo hardware para el mundo móvil. El proyecto se mantiene en secreto y los ingenieros están aislados, incluidas sus familias, para que no se filtre nada de lo que están cocinando. Es claro que Microsoft prepara un nuevo intento, bajo otro enfoque.

Pero Microsoft está pensando en el futuro. En sus laboratorios se trabaja en el dispositivo que reemplazará al teléfono en algún momento, es decir, en la siguiente revolución tecnológica, que la compañía no se quiere perder. Hay muchas líneas de investigación en curso.

¿Por qué fracasó la estrategia Nokia y Windows Phone? Una mezcla de malas decisiones y reacciones tardías parecen explicarlo. No puede decirse que Microsoft no apostó duro por el segmento móvil. Desde los comienzos de la telefonía celular tuvo Windows CE, Windows Mobile, Windows Phone y por último Windows 10 Mobile. En 2014 adquirió Nokia por 7.200 millones de dólares en una jugada que parecía genial por aquellos días y que le permitía fabricar sus propios teléfonos y su sistema operativo, para garantizar productos muy bien integrados en hardware y software, tal como hace Apple.

La llegada de Satya Nadella a la conducción de la compañía trajo nuevos enfoques de negocio. Nadella no quiso más aventuras en unidades de negocio que no reportaran beneficios y el de la movilidad era uno de ellos. El esfuerzo se puso en fortalecer el ecosistema Windows, aprovechar la fuerza de la marca en el segmento corporativo, orientarse a servicios y a computación en la nube, y a explotar la fuerza de Office 360, entre otras estrategias. La idea de tener teléfonos propios compitiendo con Samsung, Apple y Huawei perdió relevancia hasta el punto que desde hace más de un año Microsoft no lanza un nuevo terminal. De hecho, el año pasado vendió la marca Nokia a la firma china Foxconn, por apenas 350 millones de dólares. Microsoft se quedó con la marca “Lumia”, que era la gama alta de Nokia.

Microsoft siempre se movió muy lentamente en el segmento móvil. Tardó más de tres años en reaccionar a la aparición del iPhone, lanzando el sistema que se conoció como Windows Phone y sus clientes siempre se quejaron del tiempo de espera para ver nuevas versiones de su sistema operativo, así como del hecho sorprendente de dejar obsoletos muchos modelos de Lumia anteriores, cada vez que apareció una nueva versión de Windows para celulares.

Y a pesar de la reconocida calidad del producto, no solo por su apariencia basada en los famosos mosaicos vivos que ofrecen información actualizada en tiempo real, sino por su desempeño y seguridad, los desarrolladores de apps no quisieron crear versiones para Windows Mobile. Al menos no en la cantidad que se necesitaba para popularizar el sistema. De hecho, Microsoft invirtió grandes sumas pagando a los desarrolladores, o desarrollando por ellos versiones de las apps más populares. Con una base instalada tan pequeña, los desarrolladores de apps no encontraban interesante invertir en versiones para teléfonos con Windows.

Y aunque la gran mayoría de los 32.000 empleados que llegaron tras la adquisición de Nokia han sido despedidos y no habrá más teléfonos Lumia en el mercado, todo indica que la empresa solo ha puesto fin a una estrategia heredada, pero no al interés por competir en el negocio de la movilidad y por estar “presentes en todas las plataformas”, tal como afirma Satya Nadella, el CEO de Microsoft.

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