¿Necesitamos una fábrica nacional de algoritmos?

La economía colombiana está en mora de decidir si nuestro país será eterno comprador y maquilador de tecnologías extranjeras o si, por primera vez, quiere alcanzar algún grado de soberanía tecnológica.

Por Álvaro Montes

Los algoritmos están de moda. Personaje número uno en la sociedad digital, han sido responsabilizados de todo cuanto nos ocurre: si compramos esa olla freidora que no utilizaremos jamás, probablemente un algoritmo nos llevó a tomar la decisión; y un algoritmo nos trabajó la mente hasta impulsarnos a escribir ese trino venenoso que destila ira y que publicamos cada mañana en las redes. Es como una mala compañía que nos induce al pecado. Pero también un algoritmo ayudó a los científicos a identificar el coronavirus y un algoritmo de la compañía DeepMind causó el año pasado una verdadera revolución histórica en la biología molecular, por su papel en la predicción de la estructura de las proteínas, todo un hito en la ciencia.

Ximena Duque, presidenta de Fedesoft, opina que nuestro país debe escoger bien su vocación; la transformación digital y la participación en la cuarta revolución industrial no se logrará siendo un país consumidor de tecnología.

Los países que en serio quieren conseguir un asiento en el mundo de los bits, necesitan el poder de los algoritmos para despegar en la carrera de la economía digital. El problema es que dos naciones lideran el tema, con sobrada ventaja sobre los demás: Estados Unidos y China. Las dos superpotencias tecnológicas del momento se reparten la mayoría de las patentes y derechos de propiedad sobre las innovaciones más estratégicas: Inteligencia Artificial, ciencia de datos, reconocimiento facial, Internet de las Cosas, biotecnología, telecomunicaciones y ciberseguridad, para mencionar las más famosas. Y son empresas de esos países las que gobiernan el comercio electrónico, la gestión de los negocios, las redes sociales, la publicidad y el mercadeo, la tecno política, el entretenimiento y la vida cotidiana.

¿Cuál es la posición de Colombia en esta carrera tecnológica que está definiendo el futuro de la economía mundial? Le preguntamos a Ximena Duque, presidenta de Fedesoft, el gremio de la industria nacional del software (porque los algoritmos, que son secuencias de instrucciones para solucionar un problema, se expresan generalmente en programas informáticos, apps y plataformas digitales, y siempre habrá piezas de software sofisticadas que hacen mover todo cuanto hay, desde el teléfono más humilde hasta los robots). “El país debe escoger bien su vocación; la transformación digital y la participación en la cuarta revolución industrial no se logrará siendo un país consumidor de tecnología extranjera o vendiéndole al mejor postor el capital intelectual” respondió la vocera de los desarrolladores de software colombiano, que trabajan con sumo empeño y pelean palmo a palmo con las big tech globales en el mercado nacional y en algunos casos regional. Durante 2020 la industria de software y TI representó el 3 por ciento del PIB, con un crecimiento de 14,1 por ciento entre 2019 y 2020 y un crecimiento acumulado de 17,8 por ciento en la última década. El 94 por ciento de las compañías que operan en el sector TI son colombianas y generan el 67,5 por ciento de las ventas totales, lo que representa el 2 por ciento del PIB nacional.

William Corredor, CEO de Open International, una de las más grandes y exitosas empresas colombianas de tecnología, opina que las posibilidades de hacernos un lugar en la economía digital están basadas en la estrategia de añadir la mayor cantidad de valor agregado a las soluciones tecnológicas propias.

El asunto de fondo en esta discusión es si Colombia será un consumidor de tecnologías fabricadas por las potencias industriales – que es lo que ha ocurrido a lo largo de nuestra la historia económica – o si hay una meta país de convertirnos en productores y alcanzar algún grado de soberanía nacional tecnológica. Está demostrado que el mayor crecimiento económico se logra agregando valor y no con la proveeduría de la materia prima básica. “No es, pues, maquilando software o programando en Colombia para marcas extranjeras que vamos a maximizar el beneficio sostenible para el país“, advierte Ximena Duque.

William Corredor, CEO de Open International, una de las más grandes y exitosas empresas colombianas de tecnología, suele utilizar la analogía de lo que pasó con la caficultura, en donde nuestro país es productor de grano, mientras el verdadero jugo en el negocio del café está en la taza, negocio en manos de Nestlé y Starbucks. “¿Queremos vender granos de café o vender capuchino? si nos enfocamos en el capuchino el valor agregado que pondremos en el desarrollo de software nacional será mayor“, dice Corredor, para quien las posibilidades de hacernos un lugar en la economía digital están basadas en la estrategia de añadir la mayor cantidad de valor agregado a las soluciones tecnológicas propias.

Hacer software para otro o hacerlo para potenciar nuestra propia economía, requiere el mismo esfuerzo, pero antes tendríamos que generar vocación alrededor de las invenciones y la innovación y “no servirle de maquiladores a los extranjeros, que es lo que está pasando en este momento y que de alguna manera el gobierno promueve, sin querer, bajo la premisa de generar empleo“, agrega.

Fedesoft lleva largo tiempo reclamando políticas públicas favorables a la industria nacional. “Necesitamos una ley que favorezca el emprendimiento, o que las leyes que existen se cumplan; en Colombia sigue siendo difícil crear empresa, porque los costos son muy grandes, y requerimos el desarrollo de un mercado más grande a nivel nacional, que fortaleza esta industria y estimule la apropiación y la compra de nuestra propia tecnología, no solo en Colombia sino en mercados internacionales“, afirma la presidenta del gremio.

En un país que se prepara para elegir nuevo gobierno, existe la natural expectativa entre los empresarios del sector acerca de la posibilidad de que, de verdad, la industria digital nacional sea un eje dentro de la política pública. Pero ningún candidato se ha pronunciado al respecto.

La mayoría de los especialistas consultados para este artículo coincide en que el Estado debería promover emprendimientos que generen productos propios con valor agregado, en donde la propiedad intelectual se quede en nuestro país.Pero insertar al país en la era digital no es tan fácil ni basta con tener unos cuantos unicornios exitosos financiados por los fondos de inversión multinacionales. Ana Fernanda Maiguashca, presidenta del Consejo Privado de Competitividad (CPC), puso el dedo en la llaga la semana pasada, durante un foro sobre Inteligencia Artificial convocado por el gobierno. Hay que modificar las condiciones estructurales de la economía colombiana para hacernos un lugar en la era digital. Maiguashca advirtió en su intervención que no nos quedamos “dormidos” durante las anteriores revoluciones industriales, sino que siempre llegamos tarde debido las condiciones de la economía colombiana, que tiene como factor principal la informalidad extrema. “Solo la Colombia formal podría entrar en la cuarta revolución industrial, porque la informalidad está por fuera y hay que pensar en el 90 por ciento del tejido empresarial colombiano que está compuesto por micronegocios con uno a tres empleados“, dijo.

En su más reciente informe de competitividad 2021 – 2022, el CPC recoge cifras preocupantes: A pesar de los avances notables, Colombia es el país de la OCDE con menor penetración de internet de banda ancha; solo el 4,7 por ciento de las empresas en el sector comercio y el 6,1 por ciento en el sector industrial han incorporado la Inteligencia Artificial en sus procesos; y ocupamos el lugar 56 entre 64 países en el factor de conocimiento del Ranking Mundial de Competitividad Digital IMD 2021.

En ciencia, tecnología e innovación es ampliamente conocida la precaria situación del país, con un nivel de inversión en I+D (investigación y desarrollo) de 0,29 por ciento del PIB, muy por debajo del promedio en la OCDE que está en 2,5 por ciento. El sector productivo no está aprovechando el potencial de nuestros doctores y especialistas. En Colombia solo el 2,5 por ciento de los investigadores trabaja en empresas, y el 95,7 por ciento lo hace en la academia. El promedio en los países OCDE es de 48,1 por ciento de investigadores aplicando su conocimiento en el sector productivo y 38,2 por ciento en las universidades.

Ante la realidad de que Colombia no es productor de tecnologías de punta, Ximena Duque advierte que los países que lo han logrado tuvieron una política decidida en incentivos a la investigación, producción de mayor número de doctores y en todos los casos la industria se vinculó a esos procesos.

La mayoría de los especialistas consultados para este artículo coincide en que el Estado debería promover emprendimientos que generen productos propios con valor agregado, en donde la propiedad intelectual se quede en nuestro país y no en manos de quien encargó el trabajo. Los desarrolladores de soluciones y servicios TI piden equilibrio en las condiciones de competencia entre la industria nacional y la extranjera. “No estamos proponiendo el proteccionismo, sino que haya oportunidades para hacer contratos en Colombia con compañías colombianas, pues no es cierto que, si una marca es buena y famosa, el software funcionará mejor“, señala William Corredor.

Publicado originalmente en revista CAMBIO, marzo de 2022.

 

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