El sueño de una economía digital inclusiva

La cuarta revolución industrial es una oportunidad para la sociedad, en su conjunto. O al menos, debería serlo.

La promesa de un mundo mejor gracias a la tecnología está todavía por cumplirse. Es verdad que millones de personas en muchos países se benefician del impacto positivo de las TIC y la economía digital, en campos variados como la salud, la ciencia, la educación y los negocios. Eso no está en discusión. No obstante, se requieren esfuerzos mayores para lograr una inclusión suficientemente amplia que modifique el cuadro de pobreza y desigualdad en el planeta, mediante la reducción de la brecha digital que divide a los países en dos campos claramente identificados: de un lado unas pocas naciones con economías prósperas y altamente digitalizadas, y del otro una gran mayoría de países de ingresos medios y bajos que son absolutamente dependientes de los primeros en materia tecnológica.

La conectividad creció en el último año en el planeta entero. Así lo demuestra el más reciente informe Digital 2022. En enero del presente año la población mundial ascendió a 7.910 millones de personas y más de dos tercios del total utiliza un teléfono móvil. (exactamente 5.310 millones de suscriptores de telefonía móvil). El 62,5 por ciento acceden a Internet regularmente (4.950 millones de personas) y las redes sociales tienen registrados a 4.620 millones de usuarios. Las redes constituyen el ítem de conectividad que más crece, a un ritmo del 10 por ciento anual.

Pero aún hay 3.000 millones de humanos desconectados de Internet, mil millones de ellos en el sur de Asia, 840 millones en África y 400 millones en China. En Latinoamérica hay 177 millones de desconectados. Otro informe, también muy respetado, el de GSMA estima el número total de desconectados en el mundo en 3.800 millones.

Las principales barreras que mantienen a entre 3.000 y 3.800 millones de personas por fuera de la era digital son el analfabetismo, la falta de habilidades digitales y los precios poco asequibles. Las personas no conectadas suelen ser mujeres del entorno rural y de menores ingresos, según el estudio de GSMA.

Un dato alarmante es que el 93 por ciento de la población mundial no conectada vive en países de ingresos medios y bajos. El siguiente dato ilustra claramente en dónde está el problema: el año pasado el comercio electrónico minorista mundial registró ventas totales de 3,85 billones de dólares, pero esa bonanza de las ventas en línea se disfrutó de manera muy desigual según la geografía. “El ingreso promedio por usuario (ARPU) de las compras de bienes de consumo en línea ahora supera los 3.000 dólares por año en Hong Kong y Estados Unidos, pero se mantiene por debajo de los 100 dólares en Nigeria“, indica el reporte.

En una conferencia reciente en Singapur, Sundar Pichai, CEO de Google y Alphabet se preguntaba “¿cómo podemos usar este momento para reinventar una economía digital más inclusiva? ¿Uno que lleve los beneficios de Internet a todos?“. Dijo que hay dos cosas urgentes por hacer; una es acelerar el cierre de la brecha digital, “lo que significa expandir la conectividad, la inclusión financiera y las habilidades digitales”; y otra es profundizar la cooperación entre empresas privadas y gobiernos, lo que significa que ambos actores deberían meterse la mano al bolsillo. “Solo en el sudeste asiático, se estima que la expansión de los negocios y el comercio a través de la tecnología podría agregar $ 1 billón al PIB regional general para 2025“, aseguró.

Los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna, que pasó de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares (a un ritmo de 15.000 dólares por segundo, o lo que es lo mismo, 1.300 millones de dólares al día)Para lograrlo habrá que estimular el desarrollo de capacidad tecnológicas propias en los países, equilibrar la cancha de las industrias nacionales de software y servicios en relación con la participación de las multinacionales tecnológicas y preparar a las fuerzas laborales para el futuro digital. Eso implica cambios en los modelos educativos, propiciar la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), y eliminar las barreras étnicas, de género y sociales que imposibilitan la inclusión digital. Mientras predominantemente hombres blancos y de clases medias y altas tengan acceso al mundo del emprendimiento, los negocios y la innovación, la brecha digital no se moverá.

Google publicó una “antología de ideas para la inclusión digital“, en la que menciona el acceso a Internet para todos, la construcción de productos inclusivos, la creación de ecosistemas digitales en todos los países, la inclusión financiera, el fomento de la economía digital en África, la inmersión de los equipos de desarrolladores en comunidades excluidas, diversificar los idiomas predominantes en Internet, abrir las puertas a las mujeres en el mundo tecnológico, y la educación de la juventud para el futuro laboral.

En enero pasado, Oxfam publicó un impresionante informe sobre desigualdad y riqueza en el mundo, el cual presentó durante el Foro Económico Mundial 2022 en Davos, y contiene datos que dibujan muy bien la gravedad del problema:

– Durante la pandemia, los diez hombres más ricos duplicaron en promedio sus fortunas, mientras que 160 millones de personas pasaron al nivel de pobreza.

– Los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna, que pasó de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares (a un ritmo de 15.000 dólares por segundo, o lo que es lo mismo, 1.300 millones de dólares al día)

– Si estos hombres perdieran el 99,999 por ciento de su riqueza mañana, seguirán siendo más ricos que el 99 por ciento de las personas del planeta.

La economía digital tiene potencial para contribuir en la reducción de las desigualdades. Puede generar empleos, incrementar sensiblemente el PIB de las naciones y ayudar a solucionar problemas públicos delicados en áreas como la salud o la educación. Es necesario incrementar la colaboración de los gobiernos con las empresas privadas para hacerlo realidad en el conjunto del planeta.

 

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