Negocios que se reinventaron

Empresarios de todos lo sectores de la economía brindaron magníficos ejemplos de esas conocidas y repetidas ideas sobre resiliencia e innovación.

Por Álvaro Montes

No es nuevo escuchar que las crisis traen oportunidades. Hay libros y películas acerca de eso.   Pero la crisis sanitaria que trajo el coronavirus permitió verlo con nuestros propios ojos en el mundo de los negocios. No estamos hablando de las grandes tecnológicas globales que crecieron en esta temporada, como Netflix, que agregó 15 millones de nuevos usuarios, o Zoom, que pasó de 10 millones a más de 200 millones de usuarios durante las primeras semanas de la pandemia. Nos referimos a aquellos negocios de menor escala que por sus características parecían tener los días contados con el aislamiento social.

Fiestas a través de Zoom es una idea divertida. La plataforma de reuniones en línea que ganó popularidad durante el confinamiento resiste muchos tipos de usos diferentes, y Sebastián González, un empresario de la rumba nocturna bogotana encontró uno que tuvo mucho éxito. En marzo comenzó las primeras experiencias, entonces gratuitas, y después aplicó un cobro de 10.000 pesos por persona. Y decenas pagan para participar en rumbas a distancia, con la música discotequera que provee el organizador. Los participantes establecen contactos y conversan paralela y posteriormente en Whatsapp. Se han conectado extranjeros y nacionales y la perspectiva de negocio para Gonzalez se ha ampliado lo suficiente para preparar eventos de carácter internacional.

Nos referimos a aquellos negocios de menor escala que por sus características parecían tener los días contados con el aislamiento social. Los conciertos también han sido todo un éxito. De hecho, hasta estrellas como Carlos Vives lanzaron sus trabajos discográficos por este medio. El concierto de Jessi Uribe y Paola Jara fue seguido por más de 20.000 personas en Colombia, Estados Unidos, Venezuela y España y la plataforma tecnológica desbordó su capacidad de tráfico. Había entradas que costaban 100.000 pesos e incluían una botella de aguardiente personalizada y el saludo de los artistas al participante. Ideas ingeniosas para generar negocios.

Los canales de televisión Caracol y RCN dieron muestras de audacia en sus formatos, para adaptarse a la situación. La serie Confinados, de RCN, fue grabada por actores en cuarentena, a partir de un guion ingenioso que aprovecho la coyuntura para desarrollar una historia divertida que podía y debía producirse en las propias residencias de los actores. Y en Cazavideos, Caracol reunió a tres de sus humoristas estrellas – Suso, Loquillo y Don Jediondo – para organizar un show de humor con participación del público que aporta videos divertidos del confinamiento.

Los gimnasios llevan la peor parte todavía. Están, junto con los bares y discotecas, en el último grupo que será autorizado a reabrir sus puertas. Pero los gimnasios acudieron a la maravilla del streaming para mantenerse activos y lograr alguna facturación. Clases en línea, a menor costo, incluso sesiones gratis que permiten construir reconocimiento de marca y contribuir al posicionamiento en el mercado, de cara a la futura reapertura. Bodytech, uno de los más reconocidos, reúne más de 25.000 personas en sus transmisiones en vivo y su sitio Web consiguió más de 22.000 nuevos seguidores durante las primeras semanas de actividad en línea. El asilamiento en casa hizo que se disparara el Hiit y otros formatos de entrenamiento funcional y cardiovascular, que no requieren equipos ni pesas. También el yoga, los pilates y otros tipos de entrenamiento ganaron popularidad.

El comercio electrónico fue una plataforma maravillosa para catapultar algunos negocios. Para continuar con el tema del ejercicio físico, las ventas de artículos deportivos están entre las dos líneas de mayor explosión en el campo de las ventas en línea. El crecimiento de la categoría Deporte fue del 187 por ciento entre el 23 de febrero y el 3 de mayo, como indica el reciente informe de la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico, y está por debajo solamente de la categoría de víveres.

La industria de licores, ante la caída en las ventas, reorientó sus fábricas a la producción de alcohol antiséptico y geles antibacteriales. Bavaria y la industria azucarera vallecaucana son dos ejemplos, al igual que la Empresa de Licores de Cundinamarca y la Fábrica de Licores de Antioquia. Y las compañías Auteco y Haceb (moto y electrodomésticos) se enfocaron en producir respiradores mecánicos, tan necesarios para atender la emergencia en el sistema hospitalario nacional. La marca Maaji, una firma antioqueña con 25 empleados, dedicada tradicionalmente a confeccionar trajes de baño, ahora fabrica tapabocas que cumplen las normas de bioseguridad.

El sector asegurador presenta notables ejemplos de digitalización acelerada. La compañía Masive lanzó su portal de seguros por internet, que incluye productos variados, como aseguramiento para mascotas, seguros de corta duración, SOAT, entre muchos otros, además de los tradicionales seguros de vida y accidentes. Las llamadas “insurtech” tomaron fuerza en este periodo. Por su parte, el gigante Sura creó varios productos novedosos, como seguros para automóviles bajo la modalidad de prima variable según el uso del vehículo. Si conduces imprudentemente y si utilizas mucho el carro, pagarás más. Por el contrario, la prima mensual será menor para quienes conducen con precaución o utilizan poco su vehículo. Un carro parqueado todo el tiempo no tiene por qué pagar un seguro completo. El producto usa Internet de las Cosas para monitorear el uso del automotor y establecer mes a mes la tarifa justa. Asimismo, modificó sus sistemas de relación con los clientes.  Todo se hace a través de una pantalla, sin asesor presencial y no hay que movilizarse para realizar la evaluación de riesgo, porque la inspección de vehículos se hace virtual, aprovechando la cámara del teléfono del cliente.

Y las iglesias incrementaron la tele evangelización para mantener reunidos a sus fieles. Desde luego, en la mayoría de estos casos no se compensa con streaming ni con comercio electrónico la caída de ingresos. Los conciertos en vivo, las membresías del gimnasio y los diezmos durante los cultos y las misas no quedaron compensados, pero las alternativas en línea les permitieron a estas organizaciones mantenerse vivas, generar algún flujo de caja y, sobre todo, asegurar la lealtad de sus audiencias, clientes y fieles. Desconectarse del público durante varios meses habría sido fatal.

 

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