Los algoritmos meten mano en el debate electoral

Los incendios ideológicos en las redes sociales tienen un responsable más allá de los influenciadores y las barras bravas: las líneas de código.

Por Álvaro Montes

Líneas de código escritas en Silicon Valley por ingenieros que probablemente no pueden localizar a Colombia en un mapamundi, vierten gasolina en la hoguera electoral colombiana. Estos arquitectos de software no tiene interés en privilegiar a ningún candidato en países que ni siquiera conocen, y su única obsesión es el enganche de las audiencias y la adicción digital de los  usuarios. Que los algoritmos intervienen en los procesos electorales no es un secreto. Ocurrió en Estados Unidos y nadie duda que ocurre en nuestro país por estos días. Pero ¿de qué manera lo hacen? Consultamos datos, conversamos con expertos y esto es lo que encontramos.

Google Noticias es un poderoso canal informativo presente en casi todos los teléfonos móviles por cuenta de la omnipresencia del buscador más popular del mundo. Indexa información extraída de varios medios de comunicación tradicionales, y ofrece al público un servicio informativo permanente en cada país. Revisamos durante cinco días – entre el 6 y el 11 de junio – la información electoral que aparece allí y encontramos que las noticias sobre el candidato Rodolfo Hernández son 80 por ciento positivas o favorables a este, en tanto que las noticias sobre el candidato Gustavo son 70 por ciento negativas o desfavorables al Pacto Histórico. Tomé nota de cada noticia en las secciones “Titulares” y “Colombia”, en navegación en modo incógnito, para evitar al máximo que el algoritmo me mostrase lo que a mí me gustaría ver. También decidí no incluir en el monitoreo el día 9 de junio, fecha del escándalo de los “Petro videos”, porque era obvio que la abrumadora carga informativa desfavorable a Petro distorsionaría la muestra.

Los algoritmos jugaron un papel importante en las elecciones colombianas 2022.

Encontramos que, además de la sobre representación positiva de un candidato y la sobre representación negativa de otro, los titulares no se ordenan por el criterio de más recientes primero, porque hubo titulares que encabezaron secciones durante dos días, mientras otros, más recientes, estuvieron abajo y por poco tiempo. Tampoco se ordenan en función de lo que aparece de manera mayoritaria en los medios de los que Google extrae las informaciones, porque vimos noticias publicadas en El Tiempo y City TV que nunca fueron llevadas al canal de Google, a pesar de su relativa relevancia, como la adhesión de la artista plástica Doris Salcedo a la campaña de Petro, para citar uno de los varios ejemplos que pudimos documentar.

Lo primero por decir es que no se trata en absoluto de intenciones políticas de la gigante tecnológica. No es que el CEO Sundar Pichai tenga interés en el destino político de cada uno de los países en donde hace negocios. Para las grandes tecnológicas, Colombia es un mercado casi insignificante en sus libros contables. Tampoco hay humanos decidiendo qué titulares aparecen en el canal de noticias. La decisión la toma un algoritmo, esto es, unas líneas que describen el razonamiento que la plataforma seguirá para cada tarea que deba realizar

Los algoritmos de Google para ordenar y clasificar la información en todos sus servicios son un secreto – del tipo “fórmula de la Coca-Cola” – pero la empresa hace públicos algunos criterios. Tatiana Márquez, responsable de Google Noticias para Latinoamérica y Canadá, explicó que los algoritmos del servicio noticioso combinan seis ingredientes para decidir cuáles noticias aparecen, en qué orden y durante cuánto tiempo: relevancia, interés, localización, autoridad del medio, actualidad  y usabilidad. “Google no toma decisiones de índole editorial sobre los artículos que salen en Google Noticias. Nuestros algoritmos de noticias evalúan distintos factores para determinar los artículos que ve cierta persona, entre ellos la relevancia, actualidad del contenido y confiabilidad de la fuente; los resultados que se presentan en Google Noticias no obedecen a intereses partidistas o posiciones personales del equipo local“.

De hecho, Google ofrece otros servicios relevantes, como Google Trends, un recurso abierto y gratuito con las tendencias de búsquedas sobre la campaña presidencial, que es de utilidad para analistas y el público en general. Y Google Noticias ofrece diariamente un servicio de chequeo de información para detectar y combatir las noticias falsas, en el que, como puede constatarse, se desmienten numerosas desinformaciones y propaganda negra que ha sido viral en estos meses de polarización.

Entonces, ¿por qué los usuarios vemos en Google Noticias y en las redes sociales más información en favor de un candidato u otro? La respuesta está en la arquitectura de los algoritmos.

El algoritmo no tiene color político, sino hambre de clics, tráfico y enganche.Se trata de un delicado problema que enfrentan las democracias, relacionado con la representación digital de la opinión pública. Cristina Vélez, directora de Linterna Verde, una institución sin ánimo de lucro que investiga la manera como se construye opinión en las redes sociales, señala directamente a “la tiranía de las tendencias” como primer factor. Los algoritmos inflan ciertos temas de la conversación digital para generar más interacciones, porque el negocio de las grandes tecnológicas, sean redes sociales o plataformas de búsqueda, o tiendas de comercio en línea, es enganchar a los usuarios, mantenerlos por más tiempo conectados a sus servicios y lograr que interactúen, esto es, que hagan clic muchas veces en la manito de “Me gusta”, que compartan esos contenidos y que compren más.

Lo que mayor éxito tiene en las redes no es lo que informa acerca del voto, sino lo que genera más reacciones en mayor numero de ciudadanos, más rápidamente; eso es lo que premia el algoritmo”, explica Vélez. Eso genera un “punto ciego” del algoritmo sobre otros temas importantes que están sucediendo, pero que carecen de la suficiente novedad, interacción y rapidez.

El algoritmo no tiene color político, sino hambre de clics, tráfico y enganche. Andrés Guzmán, CEO de Adalid y experto en ciberseguridad, nos recuerda que la Inteligencia Artificial es utilizada para analizar los gustos de las personas, crear mapas de calor sobre las conversaciones digitales e identificar patrones de conducta, de tal manera que “los algoritmos de las redes sociales no sirven a una campaña política, sino que satisfacen los gustos de los usuarios”. Es por esto que no siempre y no necesariamente las tendencias originadas en la derecha son más visibles y dominantes. De hecho, en el caso específico de Twitter, y según Cristina Vélez, la izquierda colombiana es la reina de las trending topics. “Dependiendo del espacio en donde funcionan, los algoritmos premian unas cosas y otras no”, agrega.

El problema es que poco o nada sabemos de cómo trabajan por dentro los algoritmos. Son propiedad privada de empresas, que los perfeccionan para mejorar su desempeño. “Google trata de mejorar continuamente los algoritmos en pro de que haya más diversidad, porque en el momento en que haya desinformación, el negocio se cae”, explica Tatiana Márquez. Pero una cosa es Google y otra las redes. Twitter, por ejemplo, no ha mostrado ningún interés es hacer cumplir  en Colombia sus propias reglas de uso que prohíben la publicación de contenidos racistas, xenófobos ni incitaciones a la violencia. En Europa, la misma Twitter bloquea tales contenidos y cierra cuentas de políticos de partidos de ultraderecha cuando promueven la segregación racial y la misoginia. Allí juega de nuevo el asunto de la relevancia de cada mercado en los libros contables.

De los tiempos en que el editor en un gran diario decidía lo que importaba a los lectores, pasamos a los tiempos en los que un algoritmo lo hace, y no los ciudadanos, como nos prometió la era digital.Debido a su arquitectura, Twitter es la red social en donde transcurren las controversias más encendidas. Funciona como una plaza abierta, en la que todos pueden escuchar casi todas las conversaciones. Vélez utiliza la analogía de un bar, en donde en cada mesa hay conversaciones, pero la mesa más bulliciosa es escuchada por todos los demás. Facebook o Instagram, en cambio, funcionan como un edificio de apartamentos, en donde cada usuario solo puede leer los contenidos de las cuentas que sigue, y para seguir una cuenta debe esperar la aceptación respectiva.

Joshua Cohen y Archon Fung, en un trabajo titulado Esfera pública digital y democracia, señalan la diferencia tecnológica entre los medios masivos y las redes sociales, que provocó el paso de un modelo informativo de uno a muchos, al modelo de muchos a muchos. Las consecuencias derivadas de este cambio son enormes. Ahora empresas, agencias de comunicación y partidos políticos pueden posicionar tendencias de opinión sin necesidad de las mitológicas “bodegas”, y los medios tradicionales no controlan el portal que define qué es de interés público y qué no lo es. Pero esa transformación, que sedujo a millones a creer que hay más democracia hoy por el hecho de que todos pueden publicar lo que quieran, trajo nuevas discusiones acerca de quién y cómo se define la agenda pública en nuestros días. De los tiempos en que el editor en un gran diario decidía lo que importaba a los lectores, pasamos a los tiempos en los que un algoritmo lo hace, y no los ciudadanos, como nos prometió la era digital.

Publicado originalmente en CAMBIO, 14 de junio de 2022

 

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