La delgada banda ancha colombiana

El confinamiento puso al desnudo las debilidades del servicio de internet en los hogares, a pesar de la gran capacidad de conexión instalada en el país.

Por Álvaro Montes

No hay razón de peso para justificar el irregular comportamiento de internet que se presentó en el país durante las primeras semanas de la cuarentena. Las mediciones de la Comisión de Regulación de las Comunicaciones fueron claras en señalar que el consumo ni siquiera amenaza a la capacidad instalada que tiene el país en conectividad. Es evidente que el confinamiento trajo mayor demanda desde los hogares, y el consumo de internet subió 30 por ciento en todo el mundo, y 38 por ciento en nuestro país.  Pero “la infraestructura y las redes de comunicaciones que tiene la industria TIC en Colombia han demostrado estar dimensionadas para soportar el aumento de la demanda y preservar la continuidad del servicio en la hora pico”, dice textualmente el último informe de la CRC. Entonces, es claro que tenemos un serio problema con el servicio de banda ancha que reciben los hogares colombianos.

Es posible que los proveedores de internet estén abusando de la técnica de “reúso”, que les permite utilizar la probabilística para destinar, por ejemplo, 10 megas para igual número hogares vecinos, a pesar de que cada uno esté pagando una suscripción de 10 megas.

Por banda ancha se entiende al menos 25 megas de descarga y 5 megas de subida, para un agregado de 30 megas. Muy pocos hogares en el país disfrutan de eso y es la razón por la cual los planes de internet más populares, de entre 5 o 10 megas, no alcanzan la categoría de banda ancha oficial en el país. Pero, al parecer, los suscriptores colombianos ni siquiera reciben esa magnitud. Un reciente informe del instituto británico Cable.co.uk, cuyas mediciones son ampliamente respetadas, ubica a Colombia en el puesto 131 en velocidad de internet, con un ancho de banda promedio de 3.4 megas reales. La velocidad promedio real en Taiwán es de 85 megas. No es que los ciudadanos demandan demasiado, sino que la oferta es pobre.

Hay varios factores que explican la situación. Es posible que los proveedores de internet estén abusando de la técnica de “reúso”, que les permite utilizar la probabilística para destinar, por ejemplo, 10 megas para igual número hogares vecinos, a pesar de que cada uno esté pagando una suscripción de 10 megas. No todos se conectarán a la misma hora y si se conectan no necesitarán todo el tiempo la cantidad total contratada. No es ilegal y lo hacen casi todos los proveedores en el planeta, pero la tasa de reúso debería modificarse en esta temporada, para asegurar la calidad del servicio. Carlos Duque, gerente de Infinet Wireless, cree que con el pico de demanda que se ha producido en cuarentena, el reúso debería ser revisado. El ex director de la Comisión de Regulación de las Comunicaciones, Germán Darío Arias dice que Colombia está muy lejos de tener verdadera banda ancha y que con la capacidad de redes “no veo por qué la calidad tenga que bajar”. Pero bajó. Las quejas de los usuarios así lo demuestran.

Los grandes proveedores se defienden. Marcelo Cataldo, presidente de TigoUne afirma que su compañía invirtió 80.000 millones de pesos para adquirir mayor capacidad en esta temporada, sin cobrar más a sus abonados. “La vigilancia de la CRC no cambia con la Covid-19”, dice. “Estamos obligados a cumplir con el ancho de banda prometido en cada contrato”. Y el presidente de Asomóvil, Samuel Hoyos, señala que el llamado a un uso responsable del internet se hizo en todo el mundo, incluidos los países con mejor conectividad.

En Colombia todavía se ofrece internet mediante tecnologías obsoletas. El 24 por ciento de los suscriptores lo reciben a través de los viejos cables de cobre de hace veinte años. Solo el 13 por ciento tiene fibra óptica hasta su casa, y la gran mayoría están Bogotá. Tadeu Viana, director de ventas de Corning, la compañía que inventó la fibra óptica, opina que las redes de fibra en el país tienen suficiente capacidad en las troncales, pero “lo que falta es la última milla, llegar hasta las casas”. Allí está un primer cuello de botella. El otro cuello radica en que los hogares utilizan la tecnología WiFi para conectar varios dispositivos y, aun si el proveedor de internet cumple con el ancho de banda contratado, la amplificación interna a través de WiFi empobrece la conectividad, sobre todo por el uso de modems de baja calidad.

Los proveedores han hecho cuantiosas inversiones y rediseñaron sus redes para poner énfasis en los hogares, lo cual se verá reflejado en un mejor servicio durante las próximas semanas. O,al menos, así debería ser.

Publicado originalmente en revista SEMANA, edición 1983, mayo de 2020

 

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