La resistencia del sistema financiero frente a las criptomonedas comienza a ceder

El bitcoin rompe barreras culturales, regulatorias y financieras en Colombia.

Por Álvaro Montes

Colombia se prepara para oficializar las criptomonedas. La Superintendencia Financiera anunció al comienzo del presente año que pondrá en ejecución una piloto que permitirá realizar operaciones de depósito y retiro en cripto activos, en el marco del sandbox regulatorio, una especie de laboratorio de pruebas en donde se experimentan innovaciones tecnológicas antes de aprobarlas oficialmente.

Nueve alianzas fueron seleccionadas para este proceso: Banco de Bogotá – Bitso; Banco de Bogotá – Buda; Bancolombia – Gemini; Coltefinanciera – Obsidiam; Davivienda – Binance; Powwi – Binance; Coink – Banexcoin; Movii – Panda; y Movii – Bitpoint. Estas alianzas podrán realizar depósito y retiros en Bitcoin y otras criptomonedas a partir de marzo próximo y durante un año.

Uno de los problemas más reconocidos del bitcoin es su volatilidad, que se explica por varios factores, entre ellos la acción de inversionistas especuladores, que mueven cantidades enormes de bitcoins en operaciones globales. Meterán mano en el monitoreo del experimento desde la Consejería Presidencial para Asuntos Económicos y de Transformación Digital, hasta las DIAN. Es, por el momento, un piloto y la Superfinanciera fue clara en manifestar que “el proyecto piloto no tiene incidencia en el marco regulatorio vigente aplicable a los cripto activos, es decir, no cambia la asignación de responsabilidades en la información y manejo de riesgos de este tipo de transacciones ni puede entenderse como una autorización para que el sistema financiero utilice el ahorro del público para realizar este tipo de operaciones o que las plataformas de exchange queden bajo la supervisión de la SFC“. Para el Banco de la República, el bitcoin no es una moneda legal en el país y por lo tanto no puede ser utilizada como medio de pago, y nadie está obligado a recibirla como abono a una deuda. Pero la puesta en marcha del piloto significa que el sistema financiero colombiano está próximo a admitir al Bitcoin y sus parientes.

Desde luego, existe un mercado de bitcoins en el país, en el que se intercambian alrededor de 500.000 dólares cada día. La alta valoración de esta criptomoneda ha estimulado dicho mercado. Un bitcoin se cotiza, al momento de escribir esta nota, en 124 millones de pesos colombianos.

Uno de los problemas más reconocidos del bitcoin es su volatilidad, que se explica por varios factores, entre ellos la acción de inversionistas especuladores, que mueven cantidades enormes de bitcoins en operaciones globales de compra y venta y que inciden seriamente en la fluctuación del precio. Suele mencionarse a plataformas de trading de cripto activos como Kraken, Winklevoss o Gemini, entre otras. En su corta historia, el bitcoin ha tenido al menos dos picos extraordinarios de valoración. En 2018 alcanzó los 20.000 dólares, para caer meses después menos de la mitad; y hoy se cotiza en 34.995 dólares. Nadie se atreve a asegurar si el precio actual se sostendrá, si habrá una caída abrupta o si en algún momento se vivirá un periodo razonable de estabilidad.

En años reciente se han presentado otros problemas asociados a las criptomonedas: el robo de billeteras electrónicas (y la imposibilidad de recuperar o reversar una transacción una vez sufrido el robo); las pirámides – llamadas pomposamente “clubes de inversión” – que pululan prometiendo rendimientos fabulosos; y las operaciones de lavado de activos que aprovechan el anonimato de las transacciones y de los propietarios de criptomonedas. Este último punto es el que más asusta a los bancos centrales y a las autoridades financieras de la mayoría de los países.

Más allá, existen barreras de adopción importantes, que tienen que ver con la cultura digital. Al público le cuesta comprender el funcionamiento del sistema. Explicar el blockchain, la tecnología que hace funcionar al bitcoin es complicado. En las lógicas de los sistemas financieros tradicionales no entra la idea de una moneda no respaldada por activos físicos, ni en los gobiernos gusta el concepto de una moneda que no puede ser controlada por las autoridades. Y a los bancos no les gusta que la gente haga negocios y transacciones sin acudir a ellos.

Pero la disrupción tecnológica parece tener la fuerza suficiente para romper poco a poco las barreras, tanto las culturales, como las regulatorias y las económicas. La tecnología blockchain ya practicamente no tiene resistencia y empieza a ser adoptada en otros procesos de seguridad de transacciones. Varios países ya crearon criptomonedas propias, entre ellos China y Japón, y en el caso colombiano, un piloto comenzará a funcionar este año. Más rápido de lo que se pensó años atrás, la poderosa e inquietante idea de Satoshi Nakamoto, de una moneda descentralizada y de un sistema financiero sin bancos, empieza a calar, aunque ya no es tan parecida a la utopía original de 2009.

 

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