La pelea perdida de Donald Trump contra las redes sociales

Sin Facebook ni Twitter ni Youtube, no podrá el expresidente resucitar su aspiración presidencial ni salvarse de las investigaciones judiciales contra su imperio económico familiar.

Donald Trump presentó demandas ante la justicia norteamericana contra Facebook, Twitter y Google, porque estas plataformas lo expulsaron y no podrá utilizarlas durante dos años. Y con esa demanda reactiva un debate que tuvo lugar el año pasado en todo el mundo, y también en Colombia: ¿Hay censura cuando una red social borra contenidos que violan sus normas de uso?

En el caso Trump, las redes consideraron que el presidente violó las reglas de uso a las que todo usuario de las redes sociales se compromete cuando abre una cuenta: el compromiso es no reproducir noticias falsas ni mensajes de odio, ni incitaciones a la violencia. Y hasta el congreso norteamericano hizo un juicio contra el presidente acusándolo de incitar a la violencia durante la famosa toma del Capitolio.

Hay defensores de la libertad de expresión que proclaman, y en Colombia todavía lo están proclamando, que el derecho a la libertad consagrado en la Constitución del 91 incluye decir lo que uno quiera, de la forma que quiera, en Facebook y en Twitter.

Olvidan que Facebook, Twitter, Youtube, son espacios privados, pertenecen a empresas privadas, no son plazas públicas. Ya hubo una discusión similar en los años 80 cuando emergieron los centros comerciales. Fue un caso emblemático, cuando unos sindicalistas hicieron una protesta dentro de un Centro Comercial y fueron expulsado. Los sindicatos demandaron y perdieron la demanda, porque el centro comercial es privado. Uno puede protestar en la calle, en un parque, que son espacios que pertenecen a los ciudadanos, pero los centros comerciales son privados. Pues las redes sociales tienen el mismo estatus de los centros comerciales.

El asalto al Capitolio, cometido por hordas de seguidores de Trump, marcó la ruptura definitiva del las redes sociales con el ex presidente norteamericano.

Pero más allá del debate jurídico, está el debate político y social. Las redes como Facebook y Twitter, por fin comprendieron que deben moderar y restringir el mal uso que se hace de estas plataformas, porque mediante su manipulación llegan a generar verdaderas catástrofes para las democracias. Hasta genocidios se han presentado gracias a manipulaciones a través de las redes.

Entonces es saludable que las redes sociales hayan tomado cartas en el asunto, prohíban los mensajes de odio, la incitación a la violencia y que moderen los contenidos dañinos.

En el caso de Trump probablemente perderá el caso en los tribunales, pero además el contexto político norteamericano ya no tolera la manipulación a través de Facebook de las campañas electorales ni la polarización del debate. Muchos analistas en Estados Unidos creen que la demanda contras las Big Tech es solo otra jugada de las típicas que suele hacer el empresario; esta vez, con el objetivo de recaudar fondos, porque una vez presentó la demanda, abrió una campaña de fundraising para recoger dinero entre sus seguidores con el objetivo de financiar la batalla legal. En realidad, parece que la campaña busca recaudar fondos para la aspiración presidencial republicana de 2024.

Líos judiciales y financieros

El futuro político de Trump se enreda. Tiene muchos problemas pendientes con la justicia. La fiscalía de Manhattan continuó con su proceso contra la Organización Trump por fraude, y el jefe financiero, Allen Weisselberg, la mano derecha en negocios del expresidente, se entregó ante el fiscal que lo investiga. Está acusado de no declarar pagos recibidos en especie, para evadir impuestos. Recibió apartamentos y automóviles de lujo, que no declaró.

Es saludable que las redes sociales hayan tomado cartas en el asunto, prohíban los mensajes de odio, la incitación a la violencia y que moderen los contenidos dañinos.De momento, Trump salió vivo, porque se acusa a la Organización Trump, no a él como persona, ni a su familia. Pero la lealtad de Weisselberg podría ponerse a prueba, porque los cargos por los que es acusado son muy graves y él tendría la posibilidad de colaborar con la justicia para reducir su pena, y podría implicar a su jefe.

Este proceso le puede traer consecuencias negativas en varios frentes. En el frente político, va a pesar, seguramente, en sus aspiraciones presidenciales de 2024, para las que se está preparando. Recuperó el control del Partido Republicano, ha depurado a los líderes, dejando solo a los que le fueron fieles y es evidente que prepara una campaña.

En términos de negocios, ya se vio en enero pasado, cuando el asalto de militantes republicanos al Capitolio, que muchos aliados de negocios, marcas importantes, se distanciaron de él, muchos bancos le cerraron los créditos. Ahora, con un proceso judicial por delitos fiscales, las cosas podrían empeorar.

Todavía prematuro, pero existe la posibilidad de que él termine acusado directamente de delitos financieros, lo que sería el peor de sus escenarios. Adicionalmente, tiene todavía dos años sin acceso a Facebook, su arma política más importante, ni a Twitter ni a Youtube, mientras la popularidad de Joe Biden crece.

 

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