La meta de cero emisiones: ¿Verdad o demagogia?

Está de moda en el política y negocios anunciar una ambiciosa meta, difícil de cumplir. Pero quienes la anuncian hablan en serio y podrían lograrlo.

Por Álvaro Montes

Google anunció una meta ambiciosa: En 2030 hará funcionar todo su negocio – esa enorme red de servidores y centros de datos – con energía libre de carbono las 24 horas del día, siete días a la semana en todo el mundo. Eso es diferente a lo que la compañía realiza desde hace cuatro años, que es comprar bonos de energía solar equivalentes al total de su consumo de electricidad, como una forma de compensar el efecto causado. Los gobiernos también están realizando anuncios parecidos. El presidente Duque proclamó hace poco que Colombia reducirá la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 y que alcanzará la neutralidad de carbono en 2050. Es casi la misma meta que anunció Joe Biden en la reciente Cumbre de Líderes sobre el clima, realizada en abril, en donde habló de una reducción del 52 por ciento. La Unión Europea dice que reducirá en 55 por ciento sus emisiones al finalizar la presente década.

Se trata de metas muy ambiciosas, nada fáciles de conseguir. En el caso de las empresas de tecnología, sabemos que aporta una cifra importante al calentamiento global, porque las delicias del Big Data, los servicios en la nube, las redes sociales y hasta la producción de bitcoin consumen grandes cantidades de energía.

Un paso esencial en las metas mundiales de cero emisiones, es sustituir por automóviles eléctricos todo el parque automotriz

¿Qué se necesita para lograrlo? Tomemos un ejemplo, el de Estados Unidos. Llevar esa enrome nación al nivel de cero emisiones en 2050 supone cambiar la cultura norteamericana en muchos sentidos. “Los paisajes de costa a costa serían transformados, alfombrados con turbinas eólicas y paneles solares, con suficientes líneas de transmisión nuevas para dar la vuelta a la Tierra 19 veces. La población pasaba zumbando en sus autos eléctricos, hacia y desde hogares equipados con estufas de inducción y bombas de calor. El aire sería casi prístino“, dijo un ingeniero investigador de la Universidad de Princeton en un reportaje en The Guardian. Para ello será necesario descarbonizar completamente una economía que hizo gigante precisamente con el uso de energías convencionales. Cerrar más de mil minas de carbón, eliminar el uso del petróleo y del gas, sustituir los 300 millones de automóviles a gasolina por autos eléctricos. Tendrán que construir enormes estaciones de generación solar y eólica y cambiar la red de transmisión eléctrica que tomó siglo y medio construir, por una red nueva que lleve la energía limpia a todos los rincones del extenso territorio.

Hay más cosas por hacer: cancelar los proyectos de nuevos oleoductos y gasoductos, que generan empleos, y asegurar que la producción de energía limpia reemplace los puestos que se perderán en las industrias de energías tradicionales.

Si la meta es difícil para el país más poderoso del mundo, lo es más para una economía como la colombiana. Por lo pronto, hay indicadores positivos en un tema, el de la movilidad sostenible. El año pasado las ventas de autos eléctricos en Colombia se incrementó en 213 por ciento. En nueve años las compras públicas de autos se realizarán totalmente en tecnologías limpias, eléctricas; y hay una estrategia de cinco puntos, que estimula las inversiones en energías renovables y la eficiencia energética a nivel residencial, comercial e industrial, con una meta muy retadora: que al finalizar esta década el 75 por ciento de los consumidores colombianos generan su propia energía y puedan venderles a los vecinos. Suena difícil, pero es la meta planteada.

El mundo asiste hoy a una de las más trascendentales transiciones tecnológicas de la historia: el fin de la gasolina. Los combustibles fósiles causaron el mayor daño en la historia de la humanidad y en cuestión de un siglo pusieron en agonía al planeta Tierra. Hay consenso entre los gobiernos, pero también ahora hay un modelo de negocio viables para las industrias verdes, del que se carecía años atrás. Las energías limpias (como la solar y la eólica), así como el almacenamiento en baterías, son ahora mucho más económicas, competitivas frente a al carbón, el gas y la gasolina, la energía nuclear y las hidroeléctricas. Incluso se ha generado una gran burbuja financiera alrededor de las inversiones en energías renovables y limpias, que atraer a grandes inversionistas.

El Acuerdo de París , un marco de compromisos mundiales para mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados es esencial para el futuro de la humanidad, y está vivo aún, fortalecido por los anuncios del gobierno norteamericano de apoyarlo de nuevo.

El mundo asiste hoy a una de las más trascendentales transiciones tecnológicas de la historia: el fin de la gasolina. Los combustibles fósiles causaron el mayor daño en la historia de la humanidad y en cuestión de un siglo pusieron en agonía al planeta Tierra. Nombres relevantes de la industria tecnológica se han sumado en cascada al esfuerzo de buscar la neutralidad d carbono. SAP anunció que adelante en dos años su meta de neutralidad, la cual conseguirá en 2023. El año pasado, la compañía redujo las emisiones de gases de efecto invernadero originadas por su propia operación, principalmente debido a cambios en la forma en que sus 100.000 empleados de todo el mundo trabajaron y viajaron durante la pandemia. El trabajo en casa, con la reducción de los viajes de negocios, disminuyeron las emisiones causadas por los desplazamientos diarios a la oficina y los vuelos.

La descarbonización de la economía mundial va en camino. Por primera vez ha sido tomada en serio por algunas grandes industrias – como la industria TIC – y por gobiernos de diversos tamaños y matices. Y un negocio de inversiones verdes florece en las grandes ligas de la inversión global. Son razones para pensar que todavía hay esperanzas, aun conociendo el difícil camino que habrá que recorrer.

 

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