¿Por qué forman sindicatos los trabajadores de las grandes tecnológicas, si tienen tan buenos salarios?

Se desmorona el mito de que las “big tech” son paraísos laborales en los que todo el mundo gana salarios de ensueño.

Una cosa es pertenecer a la élite directiva de Amazon, o a los equipos comerciales o de desarrollo tecnológico, en donde se reciben acciones de la empresa como parte del salario, bonificaciones apetitosas y se puede trabajar desde casa, en pantuflas y camiseta. Y otra muy diferente laborar como repartidor de domicilios. La “señora de los tintos” gana en una gran compañía de Silicon Valley el mismo bajo salario que en cualquier otra empresa.

El recién creado sindicato de Amazon en Staten Island, Nueva York, podría marcar un hito en la historia laboral de la gigantesca compañía de comercio electrónico, si su ejemplo llega a ser imitado en otras zonas. El sindicato se propone incrementar el salario de los trabajadores a 30 dólares por hora y obtener descansos más prolongados. Desde hace varios años se han presentado enconados conflictos laborales entre la empresa y sus trabajadores del área logística, que incluyeron huelgas en Estados Unidos y Europa.

Se suponía que Silicon Valley, el milagro tecnológico estadounidense, enterraría la historia del sindicalismo, en virtud de la nueva cultura corporativa que caracteriza a las empresas de tecnología que nacieron en esa región de California: comida gratis, guardería en el edificio, gimnasio, vestuario informal y otras novedades que generaban lealtad hacia las empresas y una aspiración irrefrenable de trabajar allí. Pero el desenlace fue otro. Las luchas sindicales aparecieron y crecen con rapidez, especialmente en los últimos cinco años. No solo motivadas por reivindicaciones salariales sino también relacionadas con las extenuantes jornadas de trabajo o con los conocidos problemas de discriminación racial o de género, así como el acoso sexual.

Se suponía que Silicon Valley, el milagro tecnológico estadounidense, enterraría la historia del sindicalismo, en virtud de la nueva cultura corporativa que caracteriza a las empresas de tecnología … Pero el desenlace fue otro.Y no solo se trata de aspiraciones del personal que está más abajo en el escalafón organizativo. Empleados de nivel medio finalmente optaron por sindicalizarse. Desde enero del año pasado existe un sindicato de trabajadores de Alphabet (la compañía propietaria de Google), con más de 800 afiliados, entre ellos algunos ingenieros y programadores de software, operarios de los centros de datos, científicos investigadores y trabajadores temporales. Es un sindicato pequeño, considerando que Alphabet cuenta con 135.000 empleados, pero ya se han anotado algunas pequeñas victorias, como revocar la suspensión de una empleada que habló mal de sus compañeros o proteger a empleados que criticaron a la empresa. Antes de la creación de este gremio, en el año 2018, los empleados de Google habían logrado que la compañía pusiera fin a un contrato para proveer infraestructura militar para el gobierno de Donald Trump. Los empleados, incluso los de más alto nivel, se opusieron a que Google colaborara con un gobierno y un proyecto que contrariaba la filosofía corporativa.  En ese mismo año, también realizaron un paro laboral para combatir el acoso sexual y la discriminación en la empresa.

Tesla es la empresa del multimillonario Elon Musk, hoy día el hombre más rico del mundo. Sus autos eléctricos causan sensación y es una de las compañías más disruptivas e innovadoras de la industria tecnológica mundial, pero los trabajadores de sus fábricas denuncian que gana menos que los trabajadores de Ford y General Motors, industrias automotrices tradicionales. En contra de la presión que Musk y los altos directivos realizaron, fue posible finalmente la creación de organizaciones sindicales en la empresa.

Los sindicatos buscan mejores salarios y atacan problemas de discriminación racial o de género, así como el acoso sexual

Las big tech, a pesar de sus descomunales utilidades, a veces deciden recortes de beneficios o despidos masivos, para ajustar los números cuando los accionistas piden resultados. Meta, la casa matriz de Facebook, anunció la semana pasada reducciones en varios beneficios, entre ellos lavandería gratuita, parqueaderos sin costo y reducciones en la posibilidad de comer gratis en los comedores de la empresa, debido a cambios en los horarios de la cena. En la percepción pública en países como Colombia, acostumbrados a carecer de tales beneficios, podría resultar insignificante esta noticia, pero los recortes han causado malestar en Estados Unidos, justo cuando se conoció que la empresa gastó el año pasado 26,8 millones de dólares solo en los viajes y la seguridad de su CEO, Mark Zuckerberg.

Starbucks, la gigante norteamericana del café fue noticia también por la creación la semana pasada de un nuevo sindicato en su tienda más emblemática de Nueva York, que se suma a otros sindicatos ya existente en la empresa. La agremiación es liderada por un grupo de baristas, que quieren hacer sentir su papel crucial en el éxito de la marca. “Queremos poder sentarnos con Starbucks, con los ejecutivos superiores, y hacer un plan para que nosotros, como empleados, nos sintamos tan valorados como dicen que somos”, dijo Hope Liepe, vocero del sindicato., quien ha cuestionado que la empresa llame “socios” a los trabajadores, pero no los trate como tales.

 

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