El papel es inmortal

Luego de tres décadas de revolución digital, el papel sigue tan campante y la necesidad de imprimir documentos, tan vigente como siempre. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Por Álvaro Montes

Casi desde los primeros días de la revolución digital se condenó a una muerte rápida al papel y a la impresión. Por ejemplo, los periodistas que cubrimos estos temas llegamos a escribir tonterías veinte años atrás, acerca del ascenso del eBook y la consiguiente desaparición del libro. No es que fuésemos tan tontos, sino que veíamos hechos concretos que marcaban una tendencia, como la popularización del correo electrónico y la desaparición de la tan hermosa como antigua comunicación epistolar. El oficio del cartero, que en bicicleta repartía correspondencia puerta a puerta, eludiendo perros bravos e inspirando famosos filmes y novelas, ese sí desapareció, fulminado por las tecnologías digitales. Era sensato pensar que ocurriría lo mismo con el libro de papel, más cuando, por esos días, el escritor Arturo Pérez-Reverte se convirtió en pionero entre las grandes plumas de lengua castellana en lanzar una novela en formato electrónico, hacia el año 2001, con un éxito arrollador que hacía pensar que los libros impresos tenían los días contados.

La carta escrita a mano y el cartero que la entregaba encontraron su final en la cultura humana; pero hasta ahí. Luego de tres décadas de revolución digital, el papel sigue tan campante y la necesidad de imprimir documentos, tan vigente como siempre. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Entre 1990 y 2005, la primera década y media de la era digital actual, el consumo de papel se incrementó 15 por ciento, y desde 2016 hasta 2017 creció en algo más del diez por ciento. El mundo consume actualmente alrededor de 423 millones de toneladas métricas de papel y cartón.

La crisis de los medios impresos, que enfrentan el auge de Internet y las redes sociales, ha impactado el consumo del papel, debido al cierre de un gran número de diarios y revistas y a la reducción de los tirajes. Pero en el mundo de los negocios, imprimir documentos es una necesidad que no ha podido ser eliminada. De ahí la buena salud que gozan los servicios de impresión tercerizada. De hecho, la impresión como servicio tiene hoy día más auge que nunca, puesto que ofrece ventajas evidentes. El proveedor del servicio se hace cargo del mantenimiento y los suministros, y analiza los flujos y cargas de consumo para hacer más eficiente y económica la operación.

La carta escrita a mano y el cartero que la entregaba encontraron su final en la cultura humana; pero hasta ahí. Luego de tres décadas de revolución digital, el papel sigue tan campante como siempre La bonita idea de una oficina sin papel (de la que empezó a hablarse desde mediados de los años setenta) tardará todavía en hacerse realidad. Ya es aceptado el término de “utopía empresarial”, para referirse a esta meta que parece, por ahora, imposible de llevar a la práctica. Se necesitan documento impresos por variadas razones: desde regulaciones gubernamentales que exigen en muchos países el soporte físico de los documentos, hasta culturas y proceso de negocio que no pueden prescindir del documento en papel. El formato digital suena tecnológicamente superior, porque puede llevar más fácilmente a bases de datos y por su longevidad. Pero los cambios de formatos de archivos, que pueden hacer obsoletos los documentos que hoy se digitalicen, y los riesgos de seguridad informática, son barreras en contra de las tecnologías digitales. El enfoque actual más razonable es el de modelos híbridos de gestión documental en las organizaciones, que permiten convivir dentro de una misma estrategia los soportes impresos y los archivos de computador, combinándolos según las necesidades propias de cada negocio.

De hecho, en otros ámbitos el papel ha arrinconado al documento digital, como es el caso de los libros. Tras un breve auge a comienzos del presente siglo, los eBooks han perdido dinámica y los libros impresos gozan de cabal salud. Los lectores asiduos prefieren el papel, no solo por el romántico sentimiento de leer como siempre se ha leído, sino porque realmente es más práctico y cómodo el formato libro que una tableta. Los buenos lectores quieren, además, poseer los libros, organizarlos en bibliotecas, tomarlos de un estante, olerlos y sentir la textura del papel. No hay reemplazo para todo esto en una pantalla, por eficiente que ésta sea.

 

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