Acerca del lado oscuro de las redes sociales

Intelectuales visionarios formularon hace mucho tiempo, críticas demoledoras a las redes sociales. Este año la historia les dio la razón.

Desde diferentes trincheras del pensamiento crítico se acusó con suficiente anticipación el peligro que encarnaban las redes sociales. Hugo Pardo, reconocido investigador de la Universidad de Vic, adviertió en sus trabajos varios aspectos muy importantes “observando más allá de la moda de la novedad” (Una visión crítica de la Web 2.0 desde la educación: la eterna utopía del aprendizaje en red, en Web 2.0: nuevas formas de aprender y participar. Barcelona, Laertes Educación, 2009). Lo primero que nos propone Pardo es que hagamos conciencia que toda comprensión de la historia de las tecnologías debería trascender las lecturas inocentes y exultantes, ya que las mejores tecnologías y usos para el bien público no fueron ni son siempre, las mejores para el beneficio corporativo. “Muchas veces se confunden y mezclan los imperativos comerciales con las necesidades de los educandos. Es complejo distinguir análisis honestos sobre la real relevancia de las nuevas aplicaciones colaborativas de Internet. La mayoría de la industria está por la labor de obtener mercados y masa crítica de usuarios y en algún caso en imposibilitar que ideas más económicas y eficientes compitan en mercados cautivos”.

Y señaló los siguientes elementos críticos de la revolución Web 2.0 que los ciudadanos deberían considerar:

Imposición de usos y valores. Los individuos con dificultades para adaptarse a las nuevas aplicaciones “quedan postrados en la obsolescencia” cultural, porque las nuevas aplicaciones traen consigo unos valores y un “espacio normativo de prescripción”. El adolescente que se siente libre en la red social, en realidad está prisionero de un nuevo sistema.

Nuevos formatos de discriminación. La población off line y las culturas analógicas están quedando fuera de la “nueva sociedad” que el capitalismo quiere construir.

Costes de inversión en infraestructura tecnológica. La Web 2.0 consume muchos más recursos de conectividad, ancho de banda y capacidad de cómputo que la Web tradicional. Entre los mayores calentadores del planeta se encuentran los descomunales sistemas de data centers de Google, para alojar sus numerosos servicios en la nuble (Youtube, entre otros). Las instituciones educativas se ven presionadas a mayores inversiones en infraestructura, cada vez más frecuentes, para garantizar su actualización tecnológica. Sólo las grandes instituciones con poder económico pueden sostener tales ritmos de inversión.

La sobreabundancia informativa. La gran paradoja de la sociedad de la información radica en que mantiene en la mayoría de usuarios una incapacidad para comprender y clasificar la enorme cantidad de información disponible. Se requieren esfuerzos notables de alfabetización digital muy profunda para moverse con inteligencia y autonomía en los nuevos sistemas, los cuales generan una peligrosa sensación de estar suficientemente informados.

La revolución Web 2.0 está llevándonos a una observación superficial de la realidad más que a un profundo análisis de la misma.

El pensamiento beta. “Se vive, se piensa y se escribe en formato beta, un tipo de lógica productiva de corto alcance que dificulta reconocer entre conocimiento y ruido”. Los artículos de los periódicos se volvieron cortos y superficiales, basados en las investigaciones que demuestran que la gente no lee mucho en Internet, sino que apenas ojea los textos. Hay una abundancia fenomenal de blogs, pero ¿cuántos de ellos realmente ofrecen contenidos interesantes, bien pensados, bien escritos …? ¿Cuánto de la avalancha de contenidos puestos a diario en las páginas de Facebook podemos desde la educación clasificar como sustancioso?

El culto a lo amateur. “La revolución Web 2.0 está llevándonos a una observación superficial de la realidad más que a un profundo análisis de la misma”, señala el autor.

Foucault solía advertir que el capitalismo genera una sensación de libertad que no guarda relación alguna con la realidad. Internet – y en especial la llamada Web 2.0 parece ser un buen ejemplo de ello.

Loser generated contents. Citando a Peterson (2008), quien ironiza sobre la noción de user generated contents (contenidos generados por los usuarios), Pardo señala que “Los contenidos generados por el usuario se convierten en contenidos generados por los perdedores del sistema. Los usuarios, los únicos actores que no ganan en la economía de Internet. Vale matizar que por un lado existen usuarios productores con un mayor volumen de participación y creatividad. Pero por otro, también existe una mayor explotación por parte de las nuevas compañías sobre los contenidos generados por los usuarios de forma gratuita. El autor señala que muchas veces la arquitectura de la participación se torna una arquitectura de la explotación”.

Tecnologías relacionales al gusto del usuario. Hugo Pardo ve en la tan elogiada posibilidad de tener identidades nuevas y múltiples en la red, “interfaces narcisísticas donde mostrarse y rediseñarse uno mismo más allá de lo que somos o creemos ser”.

La sensación de democracia

Foucault solía advertir que el capitalismo genera una sensación de libertad que no guarda relación alguna con la realidad. Internet – y en especial la llamada Web 2.0 parece ser un buen ejemplo de ello. Las observaciones de Barabasi, o las de David de Ugarte, nos advierten acerca de la falsa democratización que supone la Internet de las redes sociales. Las redes sociales tienen dos leyes: 1) crecimiento, mediante el cual se agregan nuevo nodos a la red; 2) adjunción preferencial, por el que la gente se enlaza con los nodos más conectados. Los actores con más enlaces tienen mayor posibilidad de crecer y crear nuevos nodos, de tal manera que los demás actores quedan relegados en la red. Son los líderes de opinión, generadores de tendencias y modas, y los más opcionados a beneficiarse de la publicidad. Los demás – que son la mayoría de los miembros de la red – se convierten en lo que David de Ugarte llama “seguidores” en la “cultura de la adhesión”. Twitter es un magnífico ejemplo, pero también Facebook. Él encuentra en la era de los blogs, que tuvieron auge especialmente entre el 2002 y el 2005, una interesante expresión de participación democrática en la red, porque se trataba todavía de una red distribuida.

“… agregadores de contenidos cuyo crecimiento insinúa una arquitectura de red descentralizada. Discursos que exaltan la cultura de la participación. Pero participar no es interactuar. Los nuevos servicios dospuntoceristas se piensan desde la generación artificial de escasez: votar, decidir entre todos los que pasen por ahí la importancia de una noticia o la relevancia de una entrada enciclopédica y, sin tener en cuenta la identidad o los intereses de nadie, producir un único resultado agregado para todos. . El rankismo y el participacionismo se convierten en arietes de una mirada sobre la red donde se recupera la divisoria entre emisores y receptores.” (Ugarte, Los futuros que vienen, en http://lasindias.org/los-futuros-que-vienen).

Según Ugarte, la tendencia anteriormente descrita, que cambió la topología de la red desde un modelo distribuido y democrático hasta un modelo centralizado basado en la cultura de la adhesión, llega a su corolario con Facebook y Twitter: “Desde 2008, Facebook y Twitter, dos redes centralizadas basadas en la cultura de la adhesión, se convierten, en parte gracias al tranquilizador reenfoque obamista, en los favoritos de la prensa del mundo. Sus usuarios crecen exponencialmente y hasta el Departamento de Estado recomienda a los disidentes iraníes que los utilicen -en lugar de los blogs- para coordinar sus protestas”.

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