Las princesas hacker

A propósito de la limitada presencia de mujeres en el mundo del silicio.

No se parecen a Lisbeth Salander, la heroína de la trilogía Millenium, sobrecargada de piercing y tatuajes; ni a la escuálida y malgeniada Angelina Jolie que vimos en el filme Hackers. Lejos del aspecto anoréxico, masculino y ciberpunk que la mitología de Hollywood ha creado, las verdaderas mujeres hackers, pocas por cierto, suelen ser muy saludables y encantadoras y llevan una vida normal cuando no están sentadas frente al computador. Se dice que Joanna Rutkowska, la célebre polaca experta en virus, no sale de viaje sin su kit de maquillaje y un secador de pelo, elementos que, según ella, para nada riñen con su pericia en el mundo del silicio.

Si por cada cien programadores de software sólo uno decide hacerse hacker y por cada cien programadores sólo diez son mujeres, ¿Cuántas mujeres programadoras se necesitan para encontrar una hacker?, se preguntan las autoras de un concienzudo estudio sobre las mujeres en el mundo hacker, realizado en Europa hace poco. “Lela Coder” es uno de los más relevantes trabajos académicos sobre mujer y tecnología y va más allá de buscar simplemente mujeres empresarias o ejecutivas de éxito. La conclusión es devastadora: el mundo tecnológico está dominado por hombres, blancos, jóvenes y con suficiente acceso al capital cultural y social. Basta dar una mirada a Silicon Valley para verificarlo. Prejuicios sobre la feminidad y la inteligencia; un machismo agresivo que las intimida y las desestimula; el acoso en las redes y en los congresos de expertos, y la asociación de tecnología con masculinidad son algunos de los factores que impiden e invisibilizan la presencia de mujeres en las ciencias informáticas. De hecho, el número de mujeres que estudian ciencias informáticas ha decrecido en los últimos diez años, a pesar de los esfuerzos de varias universidades para equilibrar la balanza.

La conclusión es devastadora: el mundo tecnológico está dominado por hombres, blancos, jóvenes y con suficiente acceso al capital cultural y social

La memoria de la presencia femenina en la historia de la computación incluye nombres gloriosos, como Ada Lovelace, primera persona que practicó la programación de máquinas, a mediados del siglo 19. En la actualidad, varias mujeres se destacan en el noble y difícil arte del hacking, y algunas juegan un papel en el ciberactivismo y otras en el desarrollo del software libre. La mítica Barbara Thoens, co fundadora del Chaos Computer Club, el mayor colectivo hacker de Europa, rompe cualquier estereotipo. Esta mujer alemana proviene del mundo de las ciencias sociales y las humanidades y conoció los computadores cuando rozaba los treinta años. Una hacker famosa es la polaca Joanna Rutkowska, pesadilla de los responsables de seguridad en el desarrollo de Windows, porque se divierte revelando las vulnerabilidades de la casa Microsoft.

Parisa Tabriz (en la foto que acompaña a este artículo), conocida como “la princesa de la seguridad”, es una norteamericana-iraní, que lleva sobre sus hombros el peso de la gestión de seguridad en productos de Google. Forbes la puso varias veces en su lista de personalidades jóvenes más influyentes del mundo.

La lista crece de a poco. Pero es maravillosa.

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