Cómo será el retorno al trabajo tras la cuarentena

Muchas empresas dejarán a sus empleados trabajando desde casa para siempre; otras regresarán, pero harán drásticos cambios en las oficinas. Al menos en el campo laboral, el mundo sí será diferente.

Por Álvaro Montes

El metro de Medellín tiene una parada justo frente a la sede principal de Bancolombia. Si el banco decide que sus 12.500 empleados que están todavía trabajando desde casa regresen a las oficinas, la congestión en la estación Industriales será monumental. Pero no lo hará. Bancolombia decidió que una porción importante de su personal seguirá definitivamente en teletrabajo después de la Covid-19, como un aporte a la nueva normalidad que las ciudades colombianas necesitan. Muchas empresas descubrieron que gran parte de sus tareas pueden ser realizadas desde casa y que los empleados no tienen que estar todo el día en las sedes corporativas. Antes del virus, la caja de compensación Compensar tenía 800 empleados en modalidad teletrabajo y, en vista de los buenos resultados durante la cuarentena, decidió incrementar esa cifra a 1.200 una vez se normalicen las actividades. Pero las empresas que quedaron más enviciadas al teletrabajo parecen ser las del sector de industrias creativas, la mayoría de ellas mipymes. Es el caso de Salvación, una compañía de diseño gráfico con 25 empleados, que descubrió lo superfluo que le resulta mantener el pago mensual por una sede en el norte de Bogotá y decidió cerrarla definitivamente. Daniel López, director de Teleworker, una firma consultora en teletrabajo, informó que varias empresas lo contactaron en el último mes para explorar la adopción de manera permanente. Prevalecerá el modelo mixto, en el que se trabaja en casa uno o dos días a la semana y los cargos más “teletrabajables” son diseñadores, comunicadores, abogados, personal administrativo y  puestos directivos, en opinión de López.

Juliana Fernández, socia de la firma AEI, especializada en diseño de interiores comerciales.

No todos pueden quedarse en casa; sea porque atienden al público, porque cumplen tareas de campo o porque manejan información delicada que no puede exponerse con accesos desde los hogares. Pero también porque el llamado “ADN corporativo” se construye en las oficinas, mediante el contacto personal. Juliana Fernández, socia de la firma AEI, especializada en diseño de interiores comerciales, cree que definitivamente las pequeñas y medianas empresas reducirán o cerrarán sus oficinas, pero las grandes organizaciones mantendrán sus sedes y podrían incluso ampliarlas. El billonario de Silicon Valley Eric Schmidt vaticina que las grandes empresas necesitarán más espacios después de la pandemia, para asegurar el distanciamiento social, en lugar de menos, como muchos esperan. Tim Cook, el CEO de Apple, anunció que traerá de vuelta en pocos meses a todos los empleados que trabajan en su moderno campus “Apple Park” en Cupertino. Ha llamado la atención el enfoque de retorno adoptado por Apple, que insiste en la importancia de las reuniones presenciales para el desarrollo de los productos de la compañía y que abrirá esta semana muchas de sus tiendas alrededor del mundo.

Otros gigantes tecnológicos piensan diferente. Google echó atrás sus planes de expansión inmobiliaria en la bahía de San Francisco, en donde planeaba comprar o arrendar 185.000 metros cuadrados en oficinas y anunció que todos sus trabajadores en el mundo se quedarán en casa al menos hasta final del presente año; el retorno en 2021 será gradual; sólo volverán quienes tengan que hacerlo y en principio no más del 10 o 15 por ciento de los empleados al mismo tiempo. Twitter fue noticia hace poco cuando sus directivos anunciaron que los empleados que deseen quedarse definitivamente en sus hogares, en la era post Covid, podrán hacerlo.

Las oficinas, por tanto, tienen que ser remodeladas, no solo por la desconfianza que las personas tendrán al momento de regresar, sino por las exigencias de bioseguridad establecidas por el gobierno. Pero eso implica inversiones, que pueden llegar a ser cuantiosas.

En el sector público se espera, para el caso colombiano, un cambio severo en la cultura del teletrabajo. El presidente Duque anunció una meta ambiciosa: que el 80 por ciento de los funcionarios se queden en teletrabajo hasta nueva orden. La alcaldía de Bogotá está todavía definiendo el plan de retorno. Antes de Covid-19 había casi 1.000 funcionarios en teletrabajo y por la cuarentena 15.000 se fueron a casa. La Secretaria general de la alcaldía, Margarita Barraquer, calcula que al menos la mitad de los funcionarios continuará en casa por ahora. En el caso de su despacho, por ejemplo, el 42 por ciento de los empleados tienen alguna condición que les impide el desconfinamiento, bien sea porque se trata de madres cabeza de familia, o porque conviven con adultos mayores. Pero los funcionarios de la Secretaría de Salud, que se encuentran en la primera línea de combate contra el virus, o los de la Secretaría de la mujer, que atienden a víctimas de violencia, seguirán en las oficinas, como lo han estado durante la cuarentena.

Epson Colombia planea mantener entre el 40 y el 50 por ciento de sus empleados en teletrabajo, después de la pandemia, según confirmó Diego Rosero, gerente de la compañía. Los planes de expansión de oficinas quedaron cancelados. “La verdad sí teníamos planes antes de la crisis, pero hemos replanteado varios paradigmas, así que la búsqueda de más espacio físico no es una prioridad en este momento”, dijo.

El negocio inmobiliario de oficinas y locales comerciales está seriamente golpeado. Es un negocio de 24 billones de pesos al año en Colombia y aunque el arriendo de locales se mantendrá porque los comercios tienen acreditadas sus marcas allí, se espera una reducción del segmento de oficinas, según estimaciones de Fedelonjas. Las oficinas que se ofrecen bajo el modelo denominado co working serán las primeras en padecer el impacto. Este modelo ofrece espacios compartidos de trabajo y goza de popularidad entre profesionales jóvenes. Una encuesta realizada por la firma de arquitectura AEI indica que pocos están dispuestos a regresar a este tipo de espacios. “Nadie quiere estar cerca de personas extrañas”, dice Juliana Fernández.

Las oficinas, por tanto, tienen que ser remodeladas, no solo por la desconfianza que las personas tendrán al momento de regresar, sino por las exigencias de bioseguridad establecidas por el gobierno. Pero eso implica inversiones, que pueden llegar a ser cuantiosas, y no son inversiones para el futuro sino para el “mientras tanto”, hasta que el coronavirus sea controlado. Acondicionar con todos los requerimientos una oficina de 100 empelados podría costar alrededor de 60 millones de pesos. Una cámara térmica cuesta 25 millones y una cámara desinfectante entre cinco y diez millones. Las hay con luz ultravioleta y también las sencillas que rocían con spray antibacterial. Los tapetes húmedos para desinfectar las suelas de los zapatos cuestan entre 200.000 y un millón de pesos. Y hay que instalar muchos lavamanos, retirar sillas y separar con láminas acrílicas los puestos de trabajo, así como instalar sistemas de acceso “sin contacto” en porterías y ascensores.

Algunas compañías venían preparándose para esto desde hace varios años. En el parqueadero de Telefónica Colombia en la sede de Bogotá hay 150 espacios para bicicletas y el teletrabajo no fue algo nuevo. Antes de la pandemia ya el 32 por ciento de la plantilla hacía teletrabajo dos días a la semana. Bavaria planea un retorno en cuatro fases, comenzando con 20 por ciento de los empleados que voluntariamente decidan regresar, implementación del trabajo virtual durante dos o tres días a la semana y una jornada laboral reducida que inicia a las 8 de la mañana y termina a al 1 de la tarde. Sus empleados tendrán rutas exclusivas de la empresa, para evitar el Transmilenio. La cafetería, el gimnasio, el Pub y otras comodidades de la sede quedan por ahora cerradas.

No se sabe cuántos colombianos fueron a trabajar a casa. Las empresas de “contact center” que prestan servicios de atención telefónica enviaron a 87.000 de sus 220.000 empleados. Ana Karina Quessep, presidente de la Asociación colombiana de BPO dice que para una implementación en gran escala del teletrabajo definitivo en el país se requiere mejor conectividad en los hogares y flexibilidad laboral. Implementar teletrabajo no es lo mismo que trabajar desde casa, que es lo que se hizo en la cuarentena. No implica grandes costos, aunque sí una metodología para ajustarse a la ley 1221 de 2008 y al decreto 884 del 2012. Pero el país lo agradecerá. Mediciones del ministerio de trabajo indican que una persona en Bogotá que se transporta todos los días a su oficina, con dos recorridos diarios de hora y media cada uno, invierte 5,4 millones de pesos al año, deja una huella de carbono equivalente a 13 árboles y gasta 35 días anualmente transportándose. Teletrabajar es un buen negocio para todos.

Publicado originalmente en revista SEMANA, edición 1987, mayo de 2020

 

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