Blockchain, la cura para todos los males

De esta tecnología se ha dicho que puede cambiar el mundo, tal como lo hizo Internet cuando apareció. Transparencia, seguridad y descentralización son las bondades principales de la cadena de bloques. Pero todavía es una promesa tecnológica por madurar.

Por Álvaro Montes

Blockchain está de moda y se le quiere utilizar para todo: control de la corrupción, venta de seguros, para asegurar transacciones financieras y, desde luego, para negociar con criptomonedas, que es para lo que fue creada esta tecnología.

Nacida en el mundo del bitcoin, la cadena de bloques es una idea poderosa: Una red descentralizada de computadores (pura computación distribuida, sin servidores) que utilizan un protocolo común asumido por todos los usuarios, y que permite a estos registrar transacciones en un “libro mayor” (una base de datos) que está a la vista de todos. Cualquier cambio en el libro será público y, por tanto, transparente. En el caso del bitcoin, se sabe quién envió cada criptomoneda a quién, y los cambios en el balance general quedan registrados en el libro público.

Las anotaciones en el libro mayor son inalterables. Aquí radica el punto más fuerte del Blockchain. En un mundo plagado de fraude digital, suena difícil de creer que un algoritmo sea inalterable. Pues este lo es. O cuando menos, esa es su promesa. El nivel de seguridad que ofrece es lo que llamó la atención de los bancos y de las corporaciones, agotadas de luchar contra el cibercrimen. Por ejemplo, las bolsas de valores tienen que hacer demasiadas operaciones de validación de cada compra y venta de acciones. El proceso tarda usualmente entre 24 y 48 horas. “Con Blockchain te quitas de encima todas esas validaciones y podrías reducir personal, que su única función es validar, haciendo más eficiente tu operación. Todo estaría en línea y puedes tener la validación de las operaciones de manera inmediata”, dice el experto mexicano Arturo Rosas.

Ya se planea su uso en licitaciones, para combatir la corrupción en la contratación pública. Todos los licitantes tendrán plena visibilidad de las condiciones del proceso de contratación y toda la información suministrada será verificada.

Hay toda clase de aplicaciones. En una elección local en Corea del Sur fue utilizado para proteger el voto de nueve mil ciudadanos. La industria farmacéutica lo está utilizando para controlar la falsificación de medicamentos, y los contratos inteligentes (smart contracts) basados en Blockchain, empiezan a ganar espacio en el mundo de los negocios. Son contratos programables, que ejecutan pagos entre las partes automáticamente cuando se cumplen ciertas condiciones. No hay riesgo de que alguien resulte timado.

El Foro Económico Mundial es muy optimista en cuanto al impacto de Blockchain en la Transformación Digital. Ellos estiman que para el año 2027, cerca del 10 por ciento del PIB Mundial estará almacenado en tecnologías de cadena de bloques, debido al auge de aplicaciones basadas en esta tecnología.

La descentralización es la palabra clave. Sistemas descentralizados son más resistentes a ataques, porque siguen funcionando, aunque haya un fallo en la red, debido a que se apoyan en muchos nodos que seguirán funcionando, aunque una parte caiga. Los ataques a redes descentralizadas son difíciles y costosos, porque deben ser diseñados en proporción a la capacidad total de la red. En los modelos tradicionales, se ataca el servidor central y ¡listo!

Las bondades y promesas del Blockchain lo pusieron de moda, pero también hay miradas críticas. No todos confían en Blockchain, y voces muy autorizadas han argumentado en contra de la excesiva confianza que se le quiere dar a las transacciones basadas en esta tecnología. Nada menos que Bruce Schneier, tal vez el experto en criptografía y seguridad digital de mayor reputación en el mundo, escribió en la revista Wired: “La mayoría de los entusiastas de Blockchain tienen una definición anormalmente estrecha de confianza. Les gustan las frases clave como ‘en el código en el que confiamos’, ‘en las matemáticas en que confiamos’ y ‘en criptografía en que confiamos’. Esto es confianza como verificación. Pero la verificación no es lo mismo que la confianza“. Sus críticas al Blockchain incluyen el alto costo energético de su aplicación. Recordemos que minar bitcoins y ethereum demandan consumos de energía bestiales, que sacaron a las personas comunes y corrientes del negocio y lo dejaron rápidamente en manos de corporaciones, especialmente chinas, muy poderosas y con el músculo suficiente para sostener esta actividad.

Vinton Cerf, el célebre “padre” de internet, dijo hace poco que “no necesitamos Blockchain”, y un reporte de Novum Insights, una compañía de análisis de mercados para Blockchain, encontró que una de cada cinco empresas creadas en el auge del Blockchain, desaparecieron durante 2018. Pero esto no quiere decir que estemos ante una burbuja. La consultora Gartner identificó el ciclo del “hype”, que casi todas las tecnologías emergentes padecen durante su proceso de maduración. De acuerdo con Gartner, primero se vive un estallido de la innovación y el mercado se hace expectativas exageradas acerca de sus bondades; después viene un periodo de desencanto y finalmente la estabilización y la adopción de la tecnología en estado maduro. Blockchain, sin duda, está pasado por este proceso y tomará un tiempo hasta que sus bondades, que las tiene y muchas, sean adoptadas con éxito en los negocios.

En Colombia se está utilizando en diversos sectores. Desde los bancos hasta la venta de boletería para conciertos, como lo impulsa la startup caleña Qubit. El gobierno ha puesto sus ojos y hay una iniciativa en marcha para la adopción de la cadena de bloques en los planes de gobierno digital.

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