Un país bien conectado

Un denso ovillo de cables de fibra óptica mantiene a Colombia al día en telecomunicaciones. Pero, ¿será suficiente para la digitalización de la economía?

La percepción general es que nuestro país ha realizado bien la tarea de tender las autopistas de la información que necesitamos para insertarnos en la economía global; pero varios dolores de cabeza atormentan al negocio de las telecomunicaciones y una sensación de que hay todavía mucho por hacer ronda en la mente de los principales ejecutivos del sector. La reforma tributaria amenaza con agregar nuevos impuestos que, naturalmente, los proveedores trasladarán a los consumidores, y el comportamiento del dólar trajo nubarrones a un sector que está obligado a invertir sin pausa en nuevas infraestructuras, ante el crecimiento de la demanda. Los colombianos exigen cada vez mayor ancho de banda, descargan más videos y pasan más tiempo conectados a Internet. ¿Estamos listos para todo esto?

 Las telecomunicaciones circulan literalmente por tierra, mar y aire, aprovechando casi cualquier medio que permita transmitir señales: cables submarinos, satélites, ondas electromagnéticas y hasta las redes eléctricas. El cable de fibra óptica, por supuesto, sigue siendo el rey de la transmisión de información. El país recibe en sus dos costas un total de 12 cables submarinos, la gran mayoría con llegada al Caribe (Tolú, Cartagena y Barranquilla). Adicionalmente, un denso tejido de redes de fibra óptica cubre gran parte del territorio nacional, así como un número enorme de antenas y varios servicios satelitales que complementan la tarea, de tal modo que Colombia se puede considerar un país suficientemente conectado con el exterior. Jaime Peláez, presidente de Internexa, estima que estamos abastecidos para cubrir la demanda de conectividad del país cuando menos en los próximos cinco años.

La tecnología satelital, por su parte, se mantiene con vida a pesar del espacio que le ha quitado la fibra óptica, que es más económica y eficiente. La transmisión satelital tiene como desventajas un mayor tiempo de latencia – por el lapso que transcurre mientras la señal sube hasta los satélites geoestacionarios, ubicados generalmente a 36.000 kilómetros de la tierra – y sobretodo un costo muy superior a la transmisión por cable, cuya diferencia llega a ser a veces de 10 a 1. Pero el negocio se mantiene vigente porque numerosos sectores de la industria requieren el servicio “sí o sí”. Una plataforma de explotación petrolera en alta mar sólo puede recurrir al satélite para mantenerse conectada, pues no hay modo alguno de llevar cables hasta allá. Compañías petroleras y mineras son los principales clientes del servicio satelital en el mundo, pero también la telefonía móvil. Una llamada celular originada en Leticia con destino a Bogotá saldrá primero vía satélite hasta encontrar algún punto terrestre que la conduzca a la capital del país. Todo en fracciones de segundo y sin que el usuario se entere de los variados caminos que su voz recorrerá mientras conversa. Los resultados del reciente plebiscito llegaron rápidamente desde lugares remotos gracias a los servicios satelitales contratados por la Registraduría con la firma Axesat, un proveedor colombiano que se ha expandido en varios mercados regionales (México, Ecuador, Perú y otros países). Pero no es solo un negocio orientado a industrias que operan en territorios lejanos y desconectados. Ellos también ofrecen la llamada continuidad del negocio, es decir, “un canal satelital que respalda al canal principal de fibra óptica cuando este cae, y que se requiere casi obligatoriamente en el sector financiero”, explica Santiago Castellanos, gerente de mercadeo de Axesat.

El Estado también ha puesto una contribución a la conectividad del país. El Proyecto Nacional de Fibra Óptica tiene como meta cubrir el 96 % de los municipios colombianos y el Proyecto Nacional de Conectividad de Alta Velocidad lleva internet a las selvas mediante torres y antenas que conectan a regiones muy apartadas en amazonia, orinoquia y el Chocó. El ministerio de las TIC invirtió 414.000 millones de pesos en esta iniciativa única en Latinoamérica.

Dolores de cabeza

El ovillo de cables que atraviesa al país afronta varias preocupaciones. La reforma tributaria podría ser la más acuciante de ellas, a juicio de los ejecutivos del sector consultados. “El peor error en cualquier reforma tributaria sería cargar aquellos sectores que son polos de desarrollo de los países; y telecomunicaciones es uno de ellos”, afirma Jaime Peláez, presidente de Internexa. La recomendación que recibió el gobierno de aumentar la carga tributaria sobre algunos renglones del negocio de las telecomunicaciones tiene con los nervios de punta al sector, especialmente la propuesta de incrementar el IVA al consumo de voz y datos del 16 % actual al 19 %. Varios gremios de las telecomunicaciones han sido proactivos en proponer todo lo contario. Un estudio de Asomóvil concluye que tendría positivo impacto en la penetración e incluso en las arcas públicas, su propuesta de exención de IVA a los celulares. Según las estimaciones, si se retira el cobro de IVA a los dispositivos móviles y se mantiene la tasa de 16 % de IVA al consumo, aumentaría la penetración de los Smartphone hasta un 90 o 95 %, lo que implicaría un incremento en el consumo de datos y por consiguiente un mayor recaudo de IVA por este concepto. Ganarían todos: los usuarios, los operadores y el Estado, según este escenario. Asimismo, proponen eximir a las telecomunicaciones de la sobretasa de energía eléctrica, aprovechando un tratamiento especial previsto en el Estatuto Tributario, del que actualmente se benefician algunos sectores industriales. “Las telecomunicaciones y el sector de TI ya están suficientemente tributadas y no necesitan más impuestos”, reclama Luis Carlos Guerrero, presidente de Level 3.

También les preocupa una medida adoptada por la alcaldía de Barranquilla, que cobra un impuesto por el uso de espacios públicos para instalar antenas. Otros municipios de la región Caribe se sumaron a esta práctica y los operadores móviles temen que se convierta en una tendencia. Y aquí entra en escena otro dolor de cabeza de la conectividad: las fuertes restricciones de muchas ciudades colombianas al despliegue de infraestructuras. La situación se ha vuelto tan alarmante que el ministro David Luna tuvo que expedir una recomendación explícita a los alcaldes de Bogotá, Cajicá, Cali, Ibagué, Lorica, Montería, Planeta Rica y Popayán, para que revisen los Planes de Ordenamiento Territorial, los cuales, a juicio del gobierno, afectan la expansión de las telecomunicaciones. Otras 17 ciudades están en la mira del minTic por las mismas razones. El origen de las restricciones para el despliegue de antenas en estas ciudades se encuentra en la discusión acerca del posible impacto en la salud humana. Numerosos estudios indican que se trata de una creencia sin bases sólidas, pero muchos POT incluyen restricciones en cuanto a altura, distancia e incluso prohibición de nuevas instalaciones, lo que ha traído como resultado una pérdida notable en la calidad de la cobertura celular en el país.

Pero quizás el problema más delicado que enfrenta el sector es la tasa de cambio. Casi el 80 % de las adquisiciones de nueva infraestructura se pagan en dólares, lo que ha afectado los balances. Un estudio de BDO sobre factores de riesgo en las telecomunicaciones identificó el dólar fuerte y las tasas de interés como las grandes amenazas del sector a nivel global. “La combinación de Big Data y el auge del internet de las cosas, hará que las Telcos se vean en dificultades para proveer ancho de banda suficiente y obligará a buscar nuevas alternativas para ofrecer acceso ininterrumpido a precios competitivos”, afirma Luz Marina Pérez, presidente de BDO.

La era celular

Los operadores móviles en su conjunto tienen cubierto, según cifras oficiales, la mitad del territorio nacional con el servicio 4G. La meta impuesta con la licitación es la cobertura del 100 % en 2018. En Colombia hay hay 13,2 millones de conexiones de banda ancha, entre fijas y móviles, pero la banda ancha móvil es la de mayor crecimiento, especialmente por el aumento en la demanda de video (Youtube y Netflix, principalmente). Un estudio reciente encargado por el ministerio de las TIC indica que los colombianos de entre 16 y 45 años pasan 71 minutos viendo videos en su teléfono. Todo eso es posible gracias a las redes móviles de cuarta generación, que deben ser ampliadas permanentemente para mantener sostener el servicio.

A Colombia se le reconoce una buena gestión del espectro. “Hoy la capacidad de espectro que tenemos es suficiente para garantizar la demanda de los usuarios colombianos”, explica Fabián Hernández, director de relaciones institucionales y regulación, de Telefónica. “Lo que nos duele es cuando el Estado le pone visión fiscalista a las subastas de espectro, con valores muy elevados y obligaciones adicionales onerosas y que afectarán el nivel de inversión del país”, agrega.

El ministro David Luna ha planteado el reto de “pasar del Internet del consumo al Internet de la producción”, que es camino seguido por los países en donde ya maduró la economía digital. Cálculos de Boston Consulting Group y Mckinsey indican que la contribución de Internet al PIB colombiano es del 6,1 %. Entre 2010 y 2015 el país pasó de 17 % a 50 % de hogares conectados, del 7% al 74 % de las Pyme conectadas, y la penetración de la telefonía móvil alcanzó en 2016 el 118 %.

No obstante, estamos todavía en lugares medios de la tabla. Un trabajo del profesor Raúl Katz para la Fundación Telefónica y Cepal encontró que, a pesar de las enormes inversiones en Latinoamérica en materia de telecomunicaciones, apenas la mitad de la población tiene acceso a Internet y que se requieren más inversiones por 400.000 millones de dólares para cerrar la brecha digital. El índice de digitalización de la economía colombiana, según cálculos de Telecom Advisory Services, pasó de 21,5 en el año 2004 a 52,0 en 2014 y estaríamos más o menos al mismo nivel de España. La digitalización del consumo, es decir, los servicios de telecomunicaciones y de contenidos, crecen a una tasa anual de 9,2 por ciento y generan en el país alrededor de 190.000 empleos. Pero se requieren todavía inversiones mayores para incrementar seriamente la capacidad innovadora del país y digitalizar la economía colombiana. Según el estudio, es imperativo aumentar la inversión en telecomunicaciones por habitante de los 48 dólares actuales a 154 dólares en los próximos cuatro años; y expandir la penetración de la banda ancha móvil del 41 por ciento actual al 82 por ciento. Los retos, por tanto, son enormes.

Publicado originalmente en DINERO, edición 504, 2016

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