Twitter: la papa caliente

La mala reputación por el uso abusivo que hacen sus usuarios, y la imposibilidad de encontrar rentabilidad, tienen a la red social del pajarito contra las cuerdas.

Twitter no levanta cabeza. En el primer trimestre del presente año reportó pérdidas por 178 millones de dólares y el estancamiento ya conocido en su masa de usuarios activos, que nunca pasó de 328 millones. Los accionistas entraron en conflicto con los fundadores por la poca claridad acerca del futuro de la compañía y no aparece un comprador debido a que no ha sido hallada la forma de hacer rentable a esta red social. Desde aquel resonante debut en bolsa en 2013, cuando alcanzó un valor de 45 dólares por acción en el primer día, no volvió a sonreír el libro contable de Twitter. La acción se cotiza hoy a 17 dólares, con tendencia a la baja. La empresa pierde en promedio cerca de 500 millones de dólares cada año.

Pero el financiero no es su único dolor de cabeza. La reputación ha caído tanto como el valor de la acción. Las autoridades europeas perdieron la paciencia ante la desidia mostrada por Twitter para controlar los mensajes de odio y los contenidos inapropiados que abundan allí. Mientras Facebook fue reconocido en el más reciente informe de la comisaria de Justicia, Consumidores e Igualdad de Género de la Unión Europea, por sus esfuerzos para eliminar rápidamente los post que incitaban a la violencia y el racismo tal como exigió la Unión Europea, Twitter fue señalado en el mismo reporte por su escaso cumplimiento en esta materia. La semana pasada se sumó a las quejas el parlamento británico. La presidente del Comité de Asuntos Internos Yvette Cooper dijo que Twitter está “haciendo demasiado poco y demasiado lentamente” para retirar los contenidos denunciados. Se refirió a casos concretos como un video de una violación y a imágenes sexualmente explícitas.

En Estados Unidos crece también el descontento con la tolerancia que muestra Twitter frente al peligroso uso que la extrema derecha está haciendo de esta red social. Los recientes acontecimientos violentos en Charlottesville, con muerto incluido, fueron organizados por grupos racistas a través de cuentas en Twitter, las cuales, aunque fueron oportunamente denunciadas, se mantienen activas, como la del líder nacionalista blanco Richard B. Spencer. Aunque muchas denuncias sobre cuentas con mensajes que incitan al odio racial y a la violencia fueron puestas, la red social tarda en reaccionar o no hace nada frente a dichas denuncias. O las desactiva y vuelve a activarlas sin explicación alguna. Nadie parece comprender la política de bloqueo de cuentas de Twitter y la empresa se niega a explicarlas a los numerosos medios de comunicación que la han consultado al respecto.

¿Por qué los ejecutivos de Twitter se hacen los de la vista gorda frente al comportamiento abusivo de sus usuarios? Al parecer, allí podría radicar el último pulmón que mantiene con vida el proyecto de Jack Dorsey y sus amigos, que fundaron la startup hace diez años y en algún momento amenazaron la hegemonía de Facebook en el mundo digital. Creada para propósitos generales de escribir mensajes de máximo 140 caracteres, esta red social terminó en manos de periodistas y especialmente de políticos que la convirtieron en tribuna de ardorosos debates y fuente de matoneo y campañas ideológicas extremistas. A diario, ejércitos de twitteros pertenecientes a partidos políticos en todo el mundo inundan la red con trinos amenazantes, injuriosos y segregacionistas. Diversos analistas han afirmado que, si los medios de comunicación se retiraran de Twitter, esta perdería relevancia como red social en el mundo.

La semana pasada se puso en marcha un nuevo servicio “premium”, que por 99 dólares mensuales publicita los trinos de quien se abone al sistema, en un esfuerzo por monetizar la base de usuarios. Varias estrategias anteriores de generación de ingresos, como la inclusión de videos, rindieron escasos frutos. Se cree que la consolidación financiera de Facebook y al ascenso vertiginoso de Instagram contribuyeron a la pérdida de valor de Twitter en el negocio digital. En abril el cofundador y ex director ejecutivo Evan Williams vendió su participación y se alejó definitivamente de la compañía. Y ya dese septiembre del año pasado accionistas de la empresa entablaron demandas contra los directivos por incumplimiento de las promesas de rentabilidad, en un conflicto que se avivó tras conocerlos últimos resultados en julio pasado. La red de los trinos afronta días difíciles.

Publicado originalmente en SEMANA, edición 1.843, agosto de 2017.

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