Trabajar ya no es lo mismo

El mundo laboral está sufriendo importantes transformaciones, con la aceleración del teletrabajo, la robótica y la automatización. ¿Cuál es el impacto de esos cambios?

Por Álvaro Montes

Claramente, la automatización ha recibido un gran impulso, entre otras tendencias que ya existían en la tecnología y los negocios, con la situación de emergencia sanitaria que vive el mundo. Y es imposible desconocer su impacto en el trabajo. Los robots, los algoritmos y las tareas encargadas a bots y software inteligente modifican el escenario laboral. Pero no necesariamente como una tragedia. Las naciones y las organizaciones que mantengan sus compromisos con ecosistemas sociales y económicos saludables y justos pueden hacer del progreso tecnológico una oportunidad valiosa para crecer respetando el desarrollo humano. De hecho, muchas empresas lo están haciendo de ese modo.

El primer gran cambio que notamos es la adopción permanente del teletrabajo en escalas que no podíamos imaginar. Grandes organizaciones globales anunciaron sus decisiones de dejar en casa a la gran mayoría de sus empleados, como hicieron Amazon, Facebook, Google o Twitter, para citar casos conocidos. En Colombia se estima que entre dos y tres millones de personas fueron enviadas a casa cuando comenzó el confinamiento obligatorio, y poco a poco numerosas empresas han anunciado sus planes de dejar a una parte importante de su fuerza laboral en modo teletrabajo. Desde compañías gigantes, como Bavaria o Bancolombia, hasta las pymes de diferentes sectores, encontraron que el teletrabajo es una alternativa beneficiosa en muchos sentidos. El teletrabajo tiene un impacto positivo en la movilidad urbana, en la reducción de la huella de carbono de cada trabajador y en el mejoramiento de su vida familiar. Las organizaciones que así lo entienden están adaptando sus relaciones laborales para armonizar los tiempos de dedicación laboral y los compromisos profesionales de sus empleados, con ese nuevo entorno desde el cual están desempeñando sus tareas. Hay que asegurar la información, proteger los datos y ayudar a que el empleado pueda realizar sus tareas en casa sin que la vida familiar afecte la productividad, y sin afectar a la vez, a la vida familiar.

El robot Flippy no resultó eficiente como un humano para preparar hamburguesas.

Otro cambio importante es la aceleración de la llegada de los robots, junto con conceptos como “machine learning” y automatización. Estas tendencias existen desde hace décadas, pero los planes de incorporación paulatina tuvieron que ser acelerados por la emergencia y el confinamiento. Las máquinas sustituyen a los humanos en tareas repetitivas, tediosas o peligrosa y también generan nuevas oportunidades. Un abogado puede utilizar algoritmos para consultar en bases de datos la legislación existente para un cierto caso, como hacen los médicos de algunos hospitales famosos que incorporaron servicios de Inteligencia Artificial para mejorar el tratamiento médico. Ningún profesional de la medicina fue despedido, sólo se logró mejorar la efectividad y precisión de los diagnósticos para prestar un mejor servicio. La automatización, además, genera nuevas tareas, ya que el robot no puede adaptarse o autoconfigurarse, y serán necesarios nuevos roles en la programación, implementación y reparación de sistemas inteligentes.

Existe un paradigma en discusión por estos días: robotizar significa desplazar puestos de trabajo. El experto en robótica industrial Camilo Andrés Barerra piensa que, si fuera cierto, los países en donde es mayor la penetración de robots – como Alemania o Japón – tendrían las tasas de desempleo más altas. De hecho, hay un impacto negativo en el empleo, pero se puede mitigar con la reconversión de la mano de obra. Los Estados están en la obligación de propiciar las condiciones de formación y acceso a las nuevas oportunidades de capacitación y trabajo que la digitalización ofrece.

Un experto en recursos humanos me hizo notar que el típico camino de años atrás para enfrentar una crisis consistía en ahorrar, reduciendo costos, sacando gente a la calle, pagando menos impuestos. La robótica efectiva es la de aplicación industrial, la misma que puede verse en acción en la industria automotriz, en donde el 70 por ciento de las líneas de producción están automatizadas. Se trata de robots especializados en tareas específicas de ensamble, levantamiento de cargas pesadas y tareas repetitivas que no requieren demasiada Inteligencia Artificial. En la mayoría de los casos se trata de brazos mecánicos muy poderosos, rápidos y precisos, De esos hay casi tres millones en el mundo, de acuerdo con las cifras de la Federación Internacional de Robótica, pero crecen a una tasa de 400.000 nuevos cada año.

En el mundo los robots se convirtieron, durante esta pandemia, en una alternativa por razones de aislamiento obligatorio, salubridad y reactivación productiva y hay decenas de casos interesantes. Están de moda los robots de servicio. El hotel Palacio Real, en Holanda, puso en operación los robots meseros que había comprado en China pocos días antes de estallar la pandemia, a razón de 1.200 dólares cada uno. Por ese precio no puede esperarse mucho de estas máquinas, que están muy lejos de la eficiencia de un camarero humano. De hecho, varios robots de servicios como estos fueron “despedidos” el año pasado de tareas como preparar hamburguesas o llevar comida a la habitación en hoteles asiáticos. Los protocolos sanitarios obligatorios les dieron una segunda oportunidad y no vienen a reemplazar humanos, sino a hacerse cargo de tareas específicas.

Se han hecho famosos por estos días los perros de Boston Dynamics, que ya están a la venta por 75.000 dólares y han sido utilizados para monitorear el distanciamiento social de dos metros en parques y áreas públicas en Singapur y Corea. También los robots daneses que desinfectan con luz ultravioleta hospitales y edificios, mediante la destrucción del ADN de cualquier microorganismo. Y causan sensación los robots que reparten domicilios, tanto los de la compañía colombiana Wikibots, que operan en Medellín, como los de la norteamericana Starships Technologies.

Un experto en recursos humanos me hizo notar que el típico camino de años atrás para enfrentar una crisis consistía en ahorrar, reduciendo costos, sacando gente a la calle, pagando menos impuestos. “Eso es lo que se hace desde los años 50, pero ¿hasta cuándo vas a detener tu capital humano?”, preguntaba el experto. El camino que las organizaciones tienen ahora es diferente. Transformación digital es hacer pensar los negocios de una forma totalmente nueva. Ya no basta pensar en términos de adopción de tecnologías, si esa adopción no se acompaña de un rediseño del modelo de negocio.  No es digitalizar la cadena de eventos, sino transformar los procesos para llegar al usuario final de una forma diferente. La forma de trabajar sufrirá importantes cambios en este nuevo escenario.

 

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