Para dónde va la televisión

El medio de comunicación más popular del país pide cambios en la regulación para hacer frente a la competencia de nuevas plataformas tecnológicas.

La TV abierta, la de los canales que se sintonizan gratis en cualquier televisor, goza de un estupendo presente, pero de un complicado futuro. Los canales privados se quedan en la actualidad con el 39,7 por ciento de la torta publicitaria y sus audiencias siguen siendo enormes, especialmente en las franjas de noticias, realities y telenovelas. No obstante, el crecimiento del servicio por suscripción (conocido popularmente como televisión por cable) y especialmente la emergencia de nuevas formas de transmisión de contenidos audiovisuales basadas en Internet, que llegan a los usuarios a través del teléfono móvil, la tableta o el computador, y que ganan popularidad rápidamente en todo el mundo, hace pensar que el reinado de la televisión abierta podría tener los días contados. A menos que sea capaz de reinventarse.

El foro “El futuro de la TV abierta: retos y oportunidades”, organizado por Caracol Televisión y Foros SEMANA, puso sobre la mesa las preguntas más acuciantes que rondan en la cabeza de los empresarios y productores de televisión: ¿qué hacer frente a la emergencia de nuevos modelos de negocio, tipo Netflix, o frente al crecimiento de los suscriptores de televisión por cable? ¿Cuál es la televisión que el país necesita en el nuevo escenario del posconflicto?

Cifras entregadas por el ministro de TIC, David Luna, indican que la llamada “multipantalla” (celulares, tabletas y computadores), ha empezado a quitar terreno al tradicional televisor en las preferencias de los colombianos. Un televidente pasa en promedio 82 minutos frente al televisor, pero ya hay usuarios de entre 16 y 45 años que pasan 71 minutos viendo videos en su teléfono. Netflix encabeza la lista de 59 nuevas fuentes de contenidos de pago en estas pantallas.

Adicionalmente, está en auge la tendencia del público a producir sus propios contenidos mediante smartphones, y las plataformas de Internet abren las puertas a esta participación ciudadana, algo que no puede ofrecer la televisión abierta transmitida a través de ondas electromagnéticas. El reto para los canales es reinventarse, absorber los cambios tecnológicos, explorar nuevos modelos de negocio y pensar en los diferentes tipos de públicos y de plataformas para transmitir su programación.

Los canales Caracol y RCN pidieron desregulación o simetría y equilibrio normativo para todos los operadores. Su reclamo principal se basa en el hecho de que ellos deben pagar al Estado por el uso del espectro para la transmisión de sus señales, y además aportar para el sostenimiento de la televisión pública, en tanto que las nuevas plataformas basadas en Internet están exentas de tales tributos. Dago García, vicepresidente de contenidos de Caracol Televisión, dijo que los canales privados no se oponen a una competencia, ya que eso permite retos y oportunidades, “pero siempre y cuando sea en igualdad de condiciones”. Ernesto Orozco, comisionado de la Junta Nacional de Televisión, señaló que se necesita hacer una disrupción en la tecnología y en el modelo de negocio que utiliza la televisión abierta.

Por otra parte, se discutió acerca del papel de la televisión abierta en el posconflicto, dado que la televisión ha sido uno de los principales formadores de opinión de los colombianos. Es claro que el país ya no se puede contar mediante noticias de guerra.

Los expertos coincidieron en que la televisión abierta ha construido identidad y ha integrado al país alrededor de transmisiones significativas en la cultura de los colombianos, “las telenovelas y otros contenidos generaron integración de la nación”, como explicó Omar Rincón; algo que las nuevas formas de consumo individual están poniendo en riesgo.

Una conclusión destacada es la urgencia de introducir cambios en la regulación, para que se ajuste a los nuevos modelos de negocio en el mundo audiovisual, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, pero que a su vez garanticen la libertad de competencia para los canales de TV abierta. Y otra es la necesidad de repensar la calidad de la programación, para mantener a la televisión en el centro de las preferencias del público.

Publicado originalmente en SEMANA, edición 1.794, 2016

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