Googlear ya no es lo mismo

Al fin sabemos cuál es el plan que tienen las big tech con la Inteligencia Artificial generativa; y no era engañar profesores con las tareas del colegio.

Por Álvaro Montes

¿Ya se inscribió en la lista de espera para disfrutar del nuevo Bing? Hágalo ahora. El negocio con el que Google se hizo un lugar entre las cinco empresas privadas más poderosas del planeta está por cambiar. Desde esta semana comenzó la era en la que los motores arrojan una conversación en lugar de una lista de direcciones web, como resultado de nuestras búsquedas.  La aparición en noviembre pasado de Chat GPT, la popular y tan de moda plataforma que escribe como una persona, nos devuelve un ensayo de varias páginas o responde cualquier pregunta que le formulemos, aceleró el advenimiento de una nueva era en la historia de internet.

Aunque el común de los ciudadanos creyó que ChatGPT nació para ayudarnos en las tareas del colegio (un servicio con el que jamás se recuperaría la inversión descomunal que fue necesaria para el desarrollo de la plataforma), la industria tenía otros planes. La semana pasada Microsoft anunció la utilización de ChatGPT – con unos ajustes propios para reducir sus terribles errores informativos – en su poco conocido motor de búsquedas Bing,  para competir en serio contra el poderoso buscador Google. Con un buscador que sea muy muy popular, una big tech puede exprimir a fondo el negocio de la publicidad digital. Google lo hace en solitario desde hace más de una década, y sus libros contables hablan por sí solos acerca de la mina de oro que esto es. La compañía tiene hoy un valor en el mercado financiero de 1,3 billones de dólares, ingresos anuales de 280 mil millones de dólares y no ha salido en diez años del top 5 de las marcas más valiosas del mundo. Y todo eso en virtud de que controla el mercado de la publicidad digital mediante su popular servicio de búsquedas en línea, casi el único que utilizan los humanos. El año pasado, el servicio de búsquedas le generó a Google 149.000 millones de dólares, algo más de la mitad de sus ingresos totales.

Pero un Bing dotado de las capacidades que otorga ChatGPT será otra cosa. Al igual que en Office y otros servicios con tales capacidades. Para ello, Microsoft desembolsó 10.000 millones de dólares más (ya era socio fundador de Open AI, la empresa que desarrolló ChatGPT) y con agilidad de gacela adaptó la plataforma (dice haberla mejorado) para incorporarla en su buscador y en su softwre de productividad.

Hay que señalar que Google tenía su propio “ChatGPT” mucho antes que naciera ChatGPT. De hecho, había mostrado la plataforma LaMDA a la prensa, hace algunos años, pero no se animó a ponerla en servicio porque la compañía sabe que no estaba lista para uso público, como no está listo tampoco ChatGPT. Son plataformas apenas en desarrollo, que contienen todavía muchas debilidades y generarán dolores de cabeza sociales. El mismo Sam Altman, director de OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, ha advertido que el producto tiene serias limitaciones y que, por ahora, se trata de recibir feedback de los usuarios para alimentar el desarrollo. Pero ante el audaz paso de Microsoft, Google no tuvo más remedio que hacer lo mismo y en un evento en París anunció la puesta en funcionamiento de Bard, así se llama su Inteligencia Artificial generativa, que será incorporada al buscador Google. CAMBIO ya informó oportunamente acerca de estos anuncios. Como dato curioso, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, dijo: “Espero que con nuestra innovación les entren ganas (se refería directamente a Google) de salir y demostrar que saben bailar. Quiero que la gente sepa que les hemos hecho bailar”.

Pronto las personas no querrán ver la interminable lista de direcciones web que arrojan los buscadores cuando les preguntamos algo, sino las respuestas cuasi humanas de la Inteligencia Artificial. Tal como lo vimos en el año 2001 en el filme de Spielberg IA, en donde el niño robot David (en genial actuación de Haley Joel Osment) conversaba con una plataforma virtual para comprender un poco lo que pasaba en el mundo.

De momento, los talones de Aquiles de la Inteligencia Artificial generativa continúan sin solución. Se nutren de internet, esa enorme bodega de información falsa, y no pueden distinguir entre el bien y el mal. No es que los enlaces a sitios Web van a desaparecer, y habrá que mantener el sistema de recompensas para los creadores de contenidos, más o menos como existe en la actualidad. Satya Nadella lo dejó claro, para no causar temores en los medios y los sitios web que hoy reciben ingresos compartidos por el sistema de búsquedas: “solo podemos usar todo este contenido dentro de un motor de búsqueda, si estamos generando tráfico para las personas que lo crean“, afirmó en una entrevista en The Verge. No obstante, es claro que habrá que crear nuevas formas de monetización, y otras tarifas para aparecer en los textos y conversaciones que genera el bot. Porque la incorporación de ChatdGPT y Bard en los respectivos motores es una operación en extremo costosa. En concreto, Microsoft inviritó 11.000 millones de dólares para hacerse con ChatGPT (mil millones al comienzo, y diez mil millones hace poco). La infraestructura de datos que necesitan estos bots de alcance global, que pueden conversar en simultáneo con centenares de millones de personas, es enorme y costosa, y hay que sumar los costos de investigación y desarrollo. El marketing digital actual y las técnicas SEO (posicionamiento en los buscadores) sufrirán una sacudida.

La mina se agota

Más allá de la noticia de la semana, examinemos los ángulos más trascendentales de esta desesperada carrera por la Inteligencia Artificial. Google, Microsoft y Facebook (que sigue empeñada en que la gran revolución web de la década sea el Metaverso, en lugar de los buscadores), disputan el control de las innovaciones que harán crecer como nunca la facturación. Las minas de oro actuales parecen estar aproximándose a su punto de agotamiento. Por primera vez en años las big tech registraron pérdidas (monumentales) y despidieron a 250.000 trabajadores. Las ventas de teléfonos acumulan cinco años de caída y las redes sociales ya no tienen un futuro asegurado, razón por la cual el rey de las redes, Meta (propietario de Facebook e Instagram), apuesta ahora por la Realidad Virtual y el Metaverso. El nuevo dueño de Twitter reconoció que fue un error comprar esta red social con objetivos económicos y solo si la convierte en otra cosa la salvará de la extinción; mientras la red social china TikTok parece tener sus días contados en occidente, debido las presiones políticas norteamericanas y la inminente prohibición.

Pero reinventar sus modelos de negocio podría no ser suficiente. China aventaja a Estados Unidos en el desarrollo de Inteligencia Artificial. Tencent y Baidu, dos de las grandes tecnológicas chinas, poseen cada una más patentes en Inteligencia Artificial que cualquier de las big tech norteamericanas. Tencent he registrado 9.614 patentes y Baidu 9.504, en tanto que IBM posee 7.343 patentes, Microsoft 5.821 y Google 4.068. La delantera la llevan compañías chinas que no hacen tanto ruido en occidente. En la disputa comercial entre Estados Unidos y el gigante asiático, el trasfondo tecnológico está constituido por la carrera de las tecnologías emergentes, entre las que se destacan la Inteligencia Artificial, el reconocimiento facial y la videovigilancia. China aventaja a Estados Unidos en estos rubros, además de en infraestructura de telecomunicaciones avanzadas (5G) y en comercio electrónico.

De una lista de enlaces ordenada según el tamaño de las audiencias, que arrojaban los buscadores hace dos décadas, pasamos – gracias a Google – a una lista de enlaces ordenados por un algoritmo que intentaba encontrar la respuesta correcta. Pero Google exprimió tanto su gallina de los huevos de oro, que hoy el buscador se convirtió en una lista ordenada según qué anunciante pagó más para aparecer. La llegada de Bard y ChatGPT seguramente refrescará la calidad de las búsquedas, hasta que el afán de hacer sonar la caja registradora lleve a Microsoft y Google a repetir la historia y plagar los buscadores de anuncios pagados y “publicidad contextual”.

Y algo más. De momento, los talones de Aquiles de la Inteligencia Artificial generativa continúan sin solución. Se nutren de internet, esa enorme bodega de información falsa, y no pueden distinguir entre el bien y el mal. De hecho, en su pomposo estreno en París la semana pasada, Bard comenzó mal, ofreciendo en su demostración, una información errónea sobre el telescopio James Webb, error que le costó a la compañía varios puntos perdidos en su valor en las bolsas.

Publicado originalmente en CAMBIO, febrero de 2023.

 

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