Ahorrar energía con internet de las cosas

Una ciudad podría reducir su consumo energético hasta en un 60 por ciento, si adopta un enfoque tecnológico inteligente.

Por Álvaro Montes

Reducir el consumo de energía es una meta global que casi nadie discute: el planeta se calienta, los recursos escasean y el costo del derroche puede traer consecuencias catastróficas para el planeta. ¿Bastará con educar a los consumidores y promover hábitos como apagar las luces, planchar menos la ropa y ver menos televisión? No parece suficiente. Hay algo más interesante que puede hacerse: apoyarnos en Internet de las Cosas para alcanzar metas serias de eficiencia energética.

Una combinación inteligente de sensores, bases de datos y dispositivos que se comunican entre sí permite resultados alentadores. En hogares, la reducción del consumo puede llegar hasta el 40 por ciento cuando se controla con IoT la iluminación y la calefacción. En nuestro país no tenemos calefacción, así que el impacto es menor en el contexto colombiano, pero significativo. Sólo se encienden las luces que son necesarias, es decir, en donde hay personas activas y sólo durante el tiempo en que las personas lo necesitan.

Hay una paradoja tecnológica que no podemos soslayar: la expansión vertiginosa de los ecosistemas de Internet de las Cosas incrementará el gasto energético. Algunos estudios calculan que en veinte años, esos más de veinte mil millones de nuevos dispositivos que se cree estarán conectados a internet, aumentarán en casi 50 por ciento la demanda de energía a nivel mundial. Pero ellos pueden también reducir el consumo en ciudades inteligentes, industrias inteligentes y en hogares conectados, compensando con creces el gasto adicional que van a requerir.

En la industria hay varias cosas que se pueden hacer con IoT: la automatización de procesos y el monitoreo inteligente de máquinas, hará que se eviten fallas en las operaciones, gracias a que el mantenimiento preventivo ocupará el lugar que hoy ocupan las reparaciones reactivas. Big Data ayuda a identificar los consumos de energía, los picos y las fuentes del gasto que pueden ser reducidas o eliminadas. En las Smart Cities el impacto es enorme. Todo el alumbrado público de una ciudad se puede manejar mediante sistemas de IoT. Juniper Research calculó que las tecnologías para ciudades inteligentes habrán permitido un ahorro energético de al menos 14.000 millones de dólares en el año 2022. Cambiar las bombillas tradicionales por otras de bajo consumo ya no es suficiente. Las ciudades inteligentes echan mano de sistemas que activan el alumbrado público solo cuando es necesario. Por ejemplo, mientras no haya personas ni vehículo circulando, la iluminación se desactiva. De hecho, existen soluciones innovadoras, como Wi-Fiber, para citar un ejemplo que ilustra hasta dónde se puede llegar, una farola para alumbrado pupublico que incluye además de la iluminación, una cámara de videovigilancia, sensores infrarrojos, un módulo 5G y WiFi, todo controlado por IoT. También ganan popularidad los paneles solares que acumulan energía durante el día, para utilizarla en la noche en el alumbrado público. Una ciudad, se estima, puede recudir en más del 45 por ciento el consumo de energía para iluminación pública. La media internacional de costo del alumbrado público es del 40 por ciento de la facturación mensual de una ciudad.

En Colombia todavía no se ha dado el salto a al mundo de las ciudades inteligentes. Hay proyectos y demos por parte de proveedores, y hasta ahora los únicos pasos concreto en 13 ciudades tienen que ver con cámaras y videovigilancia.

La eficiencia energética de una ciudad requiere de otros ingredientes, además del alumbrado público inteligente. El estímulo a la adopción de transporte sostenible, con automóviles de bajo consumo y otras estrategias, serán necesarias, incluido el apoyo al transporte compartido, el comercio electrónico, el teletrabajo y demás iniciativas que reduzcan la necesidad de los ciudadanos de realizar largos trayectos. Una “Smart City” es, en realidad, un conjunto de sistemas y subsistemas que, bien implementados, transforman la ciudad y mejoran la calidad de vida.

En Colombia todavía no se ha dado el salto a al mundo de las ciudades inteligentes. Hay proyectos y demos por parte de proveedores, y hasta ahora los únicos pasos concreto en 13 ciudades tienen que ver con cámaras y videovigilancia. El tema de la eficiencia energética no está todavía en la agenda nuestros alcaldes, aunque hay proyectos en marcha de energía solar y otras energías alternativas. En general, en nuestro país los esfuerzos más relevantes en eficiencia energética apuntan a soluciones en el área de las energías limpias, sin incluir internet de las cosas en la ecuación. En el reciente Smart City businnes expo Colombia, realizado en Bogotá en septiembre pasado, se pusieron sobre la mesa numerosas iniciativas y ofertas de soluciones en movilidad, transporte, telecomunicaciones y seguridad, todas basadas en tecnologías inteligentes. “En Colombia no hay una sola smart city o ciudad inteligente. El país ha avanzado mucho en temas de conectividad, en temas de e-gov pero todavía nos hace falta mucho para decir que hemos consolidado procesos como para llamar a una ciudad colombiana ‘inteligente’, sostiene el experto Nicola Stornelli @puertodigital, en un artículo en Portafolio. El debate está abierto.

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